LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 149
una época en la que no había ni odios ni asesinatos. Cuándo todo era
bello y bueno. Pasaron los siglos. De cada rosa surgió un gran jardín
cubriendo la montaña y coloreándola de púrpura, alumbrando el país.
En la rosaleda gobernaba Laurín, en su calidad de rey. Él era el novio
al que la novia de mayo, despertar de la primavera, le había traído la
rosa de la memoria. Finalmente él debe cerrar con candado el
imperio de las rosas como defensa frente a los hombres. Cierta vez,
unos chicuelos, jugando, encontraron una llave misteriosa que les abrió
la entrada de este jardín.
¿Sería acaso una ganzúa?
Memoria es Amor (Minne).
La rosaleda arde. Por el Schlern y por los otros montes tan her-
mosos, la noche asciende por las chimeneas. La nieve llena hasta el
borde las torrenteras. Un dorado madero de sol, el último de hoy, se
tiende sobre la corte de Vogelweide. Aquí tiene que haber abierto
sus ojos al mundo el trovador Walter von der Vogelweide, que cantó
con tanto gusto una alegre cancioncilla. Como hijo del Tirol,
seguro que conocía las leyendas de la rosaleda, el molino de las
rosas y los pájaros cantores. Sabía, además, que se tenía que buscar
el Amor (Minne) sublime y deificador. Por eso cantó:
El Amor (Minne) no es hombre ni mujer,
No tiene alma ni cuerpo.
Su ausencia nadie aún la inventó.
A nada se l