incontables fueron los pájaros que noche y día cantaron jubilosos alabanzas al Creador.
Sin embargo, hombres malévolos consiguieron aherrojar al rey enano para conducirlo a su ciudad y forzarlo a ser un risible malabarista y bufón. Mas, más temprano que tarde, sucedió que Laurín logró en secreto liberarse de su prisión y retornó al hogar de sus paradisíacos paisajes. Para que nunca más volviera a producirse una experiencia tan indigna como la que había sufrido anteriormente, se recubrió con un hilo de seda. Ni siquiera un hombre de brazos musculosos tendría la fuerza necesaria para romper la sutil telaraña. Ni siquiera el hombre más rico podría comprar jamás la vista de la rosaleda. Y ni siquiera el más erudito de los hombres podría saber del país maravilloso de Laurín, porque ningún libro lo puede describir.
Así, yo me ensoñé frente a mi cabaña del pastizal. Por sobre mí, la noche definitivamente estaba allí, y la luna la había seguido. Sus rayos argénteos se reflejaban sobre las rocas apagadas. El día iba muriendo dominado por la noche fresca, que empezó a cantar la muerte con una bella canción puesta en música por Brahms. Sola, la montaña frente a mí no vivió menos.
Siempre opinaré que la mayor de las maravillas de Laurín es la sabiduría sobre el día y la noche, que es también la sabiduría sobre la vida y la muerte. ¡ Si pudiéramos saber algo de esto!, así se quejan los hombres y no debieran hacerlo. Ya que es posible entrar en el reino de las maravillas de Laurín. Pese al hilo de seda protector. Mas eso sólo se admite para los que son caballeros o niños o poetas.
Por el vetusto Troj de rèses( o sendero de rosas tirolés) que conduce desde el paso de montaña de los Carios, por el valle del Tierser, hacia el norte, cierta vez cabalgó un héroe de la escolta de Dietrich von Bern. En vano se había empeñado en hallar un acceso al reino de Laurín. Todas las veces que creyó haber logrado su objetivo, frente a