LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Seite 141
contemporáneos el título de "azote de Alemania" por su cerrada
religiosidad y su rigurosidad. Exigió de su hija de confesión, Isabel,
obediencia absoluta, obediencia que debía extenderse a sus asuntos de
dinero. Para ello impuso a la princesa una disciplina extremada-
mente rigurosa, lo que pronto le acarreó caer en descrédito ante sus
parientes, que la consideraron maníaca. Para colmo, "su impulso cari-
tativo, lindante en fervorosa prodigalidad, la llevó a convertir en
dinero toda su herencia paterna, incluyendo la propia cuna de piala,
y este dinero, así como el producto de la venta de su propia
vestimenta, se lo regaló a los mendigos".
Me sorprende que Isabel convirtiera en dinero su herencia paterna,
hasta la misma cuna de plata, ya que todo se lo habían "dilapidado"
los parientes turingios. Esto poco importa ahora, ya que queremos
seguir leyendo sin impugnaciones hasta el final el artículo
periodístico que, como dijimos, no es herético. He tenido que
introducirle algunas mejoras debido a que está redactado en un ale-
mán estilísticamente malo:
"Después de seis años de matrimonio murió el marido de Isabel de
manera repentina Cuándo iba en camino a una cruzada; desde ese
momento su vida en la corte de Wartburg se convirtió en un puro
martirio. Su suegra y cuñada la expulsaron junto a sus hijos. La
orgullosa hija de Arpad (el rey Andreas, padre de Isabel, era un
vástago de la primera dinastía de Hungría, de la estirpe de los
Arpadios) encontró cobijo en el establo de un labriego bondadoso.
Su padre confesor la llevó hacia una disciplina todavía más rigurosa.
La noticia de esto por sí sola se propagó hasta llegar a la corte real
húngara, por lo que, al llegar a oídos de su padre, éste quiso que
regresara al hogar. Pero, como quiso conservar el privilegio de su
primogénito en la sucesión del trono como príncipe reinante, no pudo
abandonar el país.
"El amargo destino de la princesa refugiada se le hizo penoso a su
familia, por lo que convinieron construir para Isabel un lazareto en
Marburg, a orillas del Laftan, para que pudiera dedicarse completa-
mente, como su priora, al cuidado de los leprosos. Al mismo tiempo