LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 140

6 años, no vivía ya en Hungría." En el año del nacimiento de Isabel, 1207, se desarrolló la famosa Guerra de Wartburg. Uno de los cantores en la lid, el maestro Klingsor -al que Wolfram von Eschenbach le propinó durante la lucha una animosa derrota, como atestiguan otras leyendas, tal y como yo lo encuentro escrito en mi buen periódico católico tirolés-, atrajo la atención del landgraviato de Turingia, bastante endeudado pero magnificente, hacia Isabel, la hija del rey húngaro, nacida hacía poco. Es por esto que hizo su aparición entonces, al cuarto año de vida de la princesa, una delegación de Turingia enviada a la corte real hún- gara para pedir la mano de la princesita para el hijo primogénito del landgrave. Efectivamente, a sus 4 años de edad fue prometida al heredero del trono turingio y, conforme a la usanza de aquellos tiempos, de inmediato fue llevada a la corte de su futuro suegro. Los tesoros que llevó consigo como arras incluían una cuna y una bañera de plata, entre muchos otros objetos de fina plata que pesa- ban no menos de doscientos quintales cada uno. Empero, pronto murió el novio, el conde heredero Hermann. Los miembros de la familia, hostiles a la pequeña princesa Isabel, pretendieron enviar- la de regreso a Hungría. Pero en este caso hubieran tenido que devolver las arras, ya para entonces dilapidadas en orgías. Por este motivo Isabel, sin ser consecuentemente consultada, se convirtió en prometida del penúltimo hijo del conde, Ludwig. Es probable que debido a esto el aún allí presente Klingsor redactara la leyenda del linaje huno-húngaro -el texto poético más antiguo de la prehis- toria húngara—, claramente debido a su necesidad de demostrar la verdad de la noble procedencia de la entonces onceañera hija del rey húngaro, tratada en la corte de Turingia como una cenicienta. Con 14 años se le hizo contraer matrimonio con su novio, siete años mayor. El landgrave Ludwig llevó con su esposa, "hermanita", como la llamaba, una vida plena de amor y devoción; con posterioridad, y aunque no llegó a ser canonizado, su pueblo también lo veneró como santo. Cuatro hijos fueron la bendición de esta unión conyugal. Cuándo la esposa del landgrave, que siempre sintió inclinación al ascetismo, contaba con 19 años, apareció súbitamente en su vida una figura peculiar: el inquisidor general Konrad von Marburg, un monje dominico que recibió de sus