LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 136

adelante, tan ávidos de novedad y valientes como eran, entrando de buen grado. Ya adentro, rieron decididamente. Descubrieron que de ninguna manera existía un infierno o temperatura en ebullición y frío de hielo, vapores sulfurosos y tormentos; ni tampoco Belcebú ni diablillos utilizando instrumentos de tortura, como tampoco había condenación eterna. Aquellos héroes fueron hombres muy especiales y todavía en el medievo tardío, supuestamente oscurecido, no se había perdido de ningún modo el buen recuerdo dejado por ellos. Con frecuencia decían: "Prefiero estar sobre la montaña de Bel junto a reyes y príncipes, que en el cielo donde sólo hay hombres malvados y mujeres santurronas, ciegos y cojos". Esta historia medieval me ha encantado. En la Biblia está escrito, en el libro de Isaías, que en nombre de su celoso Dios, Sabaoth, el Dios de los Ejércitos, echó la maldición sobre Lucifer y sus hijos: "¡La Bel está doblegada!". Siento que el secreto de la Bel del Antiguo Testamento, de la montaña Bel y el Luzbel del medievo, como los albigenses llamaron a Lucifer, algún día yo habré de dejar completamente aclarado. Si tarde o temprano, no puedo saberlo. Sobre el rey Arturo y Dietrich von Bern da noticias también la "Guerra de Wartburg", aquel extraordinario poema escrito por mano desconocida hacia comienzos del siglo XIII, que canta la legendaria controversia poética en el Wartburg, sede del gandgraviato de Hermann I de Turingia. Siete trovadores de Amor, entre los que se hallaban Heinrich von Ofterdingen, Walter von der Vogelweide y Wolfram von Eschenbach en 1207, año del nacimiento de santa Isabel, deben de haber luchado a vida o muerte con acertijos poéticos. En los siglos XIII y XlV se corría muy fácilmente peligro de ser conducido como hereje a suicidarse ante el juez inquisidor. Mientras los cantores se peleaban en el burgo de Wartburg, un tal Stempfel de Esisenach esperaba a los vencidos para decapitarlos con un hacha. Debe de haber sido un maestro de herejes. Cada vez que uno de los cantores en lucha, sobre todo Wolfram von Eschenbach, tocaba cuestiones espinosas sobre la fe, se interrumpía