murió de muerte natural. Los godos lo enterraron allí, entristecidos. Apenas enterrado, los cristianos católicos sacaron de la mole de roca que era su tumba las cenizas del " hereje digno de anatematización " y las esparcieron a los cuatro vientos. ¿ Hacia dónde habrá ido el alma de Dietrich von Bern?
En la Edad Media de las cruzadas, al retornar los cruzados a su hogar desde tan lejos, solían narrar multitud de historias. Está claro que muchos no llegaron hasta Palestina. Pero habían visto mares y países, y lo que debe de haberles provocado más fuerte impresión son las montañas vomitando fuego. Parece que el Etna los cautivó más que la zona volcánica napolitana, donde se alza una montaña llamada Gral. El canciller arelático Gervasios von Tilbury escribió: " Tal como antes, el rey Arturo vive cerca del Etna y allí padece de una herida dolorosa que se va abriendo de año en año. El cartujo y peregrino a Levante Ludolf von Suchen, que además escribió una Vida de Jesús, llama al Etna la montaña Bel y deja entrever que es la entrada al infierno. Al pasar por Sicilia y por el Etna, informa Cesarius von Heisterbach, con toda claridad se puede escuchar ' cómo, mediante voces sobrenaturales, se anuncia el advenimiento de los anatematizados y se ordena atizar el fuego para ellos '. Es penoso ir allá, opinaba el de Heisterbach ". Arturo no estaba solo. Lo rodeaba una servidumbre o corte esclarecida. Entre ellos, como no pocos cronistas aseveran, se encontraba el rey godo Teodorico, que no es otro que nuestro magnífico Dietrich von Bern. Durante su vida fue hereje arriano y ésta es la razón por la que peregrinos a Palestina y monjecillos gazmoños sintieran por él tanta aversión como para trasladarlo a un reino de fuego volcánico. Pero los héroes decididos, entre los que se cuenta Dietrich, pudieron reír decididamente. Y ante el infierno no sintieron el menor temor. En vez de permitir ser arrojados al reino del fuego, siguieron