LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 133
También él, regocijado con su centelleante cola, dejó de colear
y continuó, consolando, su grotesco camino. Probablemente ni
siquiera notó a los hombres y herejes y campanas y corales, como
tampoco a los anatemas proferidos por el papa. Si algún día tiene
que regresar, los astrónomos del Vaticano vestidos de jesuitas lo
traerán del observatorio astronómico Ad majorem Dei Gloríam,
aumentado en mil veces, ahora que han reconocido también por
su parte como verdadero y prueba de Dios que la Tierra gira
alrededor del Sol. Es imposible detener el curso del mundo. Pese a
Roma.
Fausto, el más alemán de los alemanes, nos permite seguir a
Tannhäuser e ir hacia unos hombres antiguos de los que podemos
aprender más que de Roma, espejo roto del pasado más abarcador.
Desde hace más de dos mil años los "hombres antiguos" sabían, como
Heráclito y Pytheas -aquel Pytheas ávido del Norte, oriundo de
Massilia-, que la Tierra gira alrededor del Sol. Ellos enseñaron así:
"¡Nosotros giramos en torno al Sol y estamos a su servicio!". Mil
años después, otro astrónomo, el famoso Ptolomeo, afirmaba: "No,
todo gira alrededor de nosotros!". Las teorías de Ptolomeo fueron
muy bien recibidas por Roma, por la Roma papista, y ello requirió
que se debiera creer en un cierto Cristo, así él no quedaría expuesto
a juicios condenatorios: "¡Nosotros somos el centro y todo gira en
torno de nosotros!". Entonces volvieron a rebelarse hombres sabios y
valientes: Galileo y Copérnico. Ellos hicieron saber: "Sin duda que
giramos". Por sus enseñanzas heréticas Galileo fue llevado ante un
tribunal de la Inquisición. Corría el año 1613 Cuándo en Alemania
los cristianos se armaron para consumar en nombre de Cristo la
funesta Guerra de los Treinta Años, y Cuándo un zapatero que res-
pondía al nombre de Jakob Böhme confió a sus prójimos el secreto
de una corona que está en el Septentrión. El secreto de la
corona de Lucifer...