LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Página 131

Lenau, después de haber mandado exterminar a los albigenses, una vez se arrodilló en la paz de la noche, ante una imagen de Cristo en el Vaticano, y rezó en voz alta. ¿Quizá tuvo miedo ante el silencio, desde que él al mundo dio tal paz? Alzó la vista a la imagen de Dios, Le asustaron el amor, y la indulgencia. Mientras pensaba en sus acciones, Cuán sangriento había dispuesto al mundo. Fija la imagen en la cara, Una arruga le apaga la luz Y le circundan las tinieblas Y el silencio, a la imagen no pregunta Nada más... De súbito lo estremecieron las llamas: las llamas de la Provenza, que había ordenado preparar para una nueva estirpe. Las llamas le señalan la cruz sobre el pecho de aquellos esbirros que él había mandado a traer desde los cuatro puntos cardinales para alistarlos en la cruzada contra los albigenses, de aquellos a los que, por ser "soldados de Cristo", les había prometido la gloria eterna. Se derrumban las ruinas, rechinan las armas, Y desde el fogoso crepitar Escucha maldecir su nombre: Al soplarle el espanto en el rostro Toma conciencia en su puño Y musita resignado: ¡amén!, ¡amén! El nombre del papa Inocencio III significa inocente. Ningún papa pertenece a la corte de Lucifer. El alemán Fausto, como nuestro poeta Christian Dietrich