LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Seite 236

especialistas de quienes habló el comandante se presenten rápidamente para que seamos retirados de este servicio, Tuviste miedo, preguntó Marcial, Miedo, lo que se llama miedo, tal vez no, pero te aviso que vas a sentir, en cada momento, como si alguien detrás de ti fuera a ponerte una mano en el hombro, No sería lo peor que podría suceder, Depende de la mano, si quieres que te hable con toda franqueza, son cuatro horas luchando contra un deseo loco de huir, de escapar, de desaparecer de allí, Hombre prevenido vale por dos, así ya sé lo que me espera, No lo sabes, sólo lo imaginas, y mal, corrigió el colega. Ahora es la una y media de la madrugada, Marcial está despidiéndose de Marta con un beso, ella le pide, No te entretengas cuando acabes el turno, Vendré corriendo, mañana te lo cuento todo, lo prometo. Marta lo acompañó a la puerta, se besaron una vez más, después volvió adentro, ordenó primero algunas cosas, y luego se acostó. No tenía sueño. Se decía a sí misma que no había motivo de preocupación, que ya otros guardas estuvieron de centinelas y no aconteció nada, cuántas veces sucede que se arman por un quítame allá esas pajas misterios terribles, como si fuesen auténticas serpientes de siete cabezas, y cuando se miran de cerca no son más que humo, viento, ilusión, voluntad de creer en lo increíble. Los minutos pasaban, el sueño andaba lejos, Marta se acababa de decir a sí misma que haría mejor encendiendo la luz y poniéndose a leer un libro, cuando le pareció oír que se abría la puerta del dormitorio del padre. Como él no tenía hábito de levantarse durante la noche, aguzó el oído, probablemente iría al cuarto de baño, sin embargo, los pasos, poco a poco, comenzaron a sonar cautelosos pero perceptibles, en la pequeña sala de la entrada. Quizá vaya a la cocina a beber agua, pensó. El ruido inconfundible de una cerradura hizo que se levantara rápidamente. Se puso la bata a toda prisa y salió. El padre tenía la mano en el tirador de la puerta. Adonde va a estas horas, preguntó Marta, Por ahí, dijo Cipriano Algor, Tiene derecho a ir a donde quiera, es mayor y está vacunado, pero no puede irse sin decir ni una palabra, como si no hubiese nadie más en casa, No me hagas perder tiempo, Por qué, tiene miedo de llegar después de las seis, preguntó Marta, Si ya sabes adonde quiero ir, no necesitas más explicaciones, Al menos piense que le puede crear problemas a su yerno, Como tú misma has dicho, soy mayor y estoy vacunado, Marcial no puede ser responsabilizado por mis actos, Quizá sus patrones sean de otra opinión, Nadie me verá, y en caso de que aparezca alguien echándome atrás, le digo que padezco sonambulismo, Sus gracias están fuera de lugar en este momento, Entonces hablaré en serio, Espero que sea así, Está pasando algo ahí abajo que necesito saber, Haya lo que haya no 236