LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 235
transportar del trigésimo cuarto piso a la misteriosa excavación este
cuerpo impaciente que tanto le cuesta gobernar. Aunque todavía
tuviese ante él largas horas de espera, Cipriano Algor decidió volver a
casa. Quiso darle a la hija el dinero recibido, pero ella dijo, Guárdelo
para usted, no me hace falta, y después preguntó, Quiere un café,
Pues sí, es una buena idea. El café fue hecho, servido en una taza,
bebido, todo indica que por ahora no habrá más palabras entre ellos,
parece, como Cipriano Algor ha pensado algunas veces, aunque de
estos sus pensamientos no hayamos dejado registro en el momento
justo, que la casa, ésta donde ahora viven, tiene el don maligno de
hacer callar a las personas. Sin embargo, al cerebro de Cipriano Algor,
que ya tuvo que dejar a un lado, por falta de adiestramiento suficiente,
el recurso de la telequinesia, le es indispensable una cierta y
determinada información sin la cual su plan para la incursión nocturna
se irá, pura y simplemente, agua abajo. Por eso lanza la pregunta,
mientras, como si estuviese distraído, mueve con la cuchara el resto
del café que quedó en el fondo de la taza, Sabes a qué profundidad se
encuentra la excavación, Por qué quiere saberlo, Simple curiosidad,
nada más, Marcial no ha hablado de eso. Cipriano Algor disimuló lo
mejor que pudo la contrariedad y dijo que iba a dormir una siesta.
Pasó la tarde toda en su habitación, y sólo salió cuando la hija lo llamó
para cenar, ya Marcial estaba sentado a la mesa. Hasta el final de la
cena, tal como sucedió en el almuerzo, no se habló de la excavación,
fue sólo cuando Marta sugirió al marido, Deberías dormir hasta la hora
de bajar, vas a pasar la noche en claro, y él respondió, Es demasiado
temprano, no tengo sueño, cuando Cipriano Algor, aprovechando la
inesperada relajación, repitió su pregunta, A qué profundidad está esa
excavación, Por qué quiere saberlo, Para tener una idea, por mera
curiosidad. Marcial dudó antes de responder, pero le pareció que la
información no debería formar parte del grupo de las estrictamente
confidenciales, El acceso es por el piso cero-cinco, dijo por fin, Pensé
que las excavadoras estaban trabajando mucho más profundo, En todo
caso son quince o veinte metros bajo tierra, dijo Marcial, Tienes razón,
es una buena profundidad. No se volvió a hablar del asunto. Marcial no
dio la impresión de quedarse contrariado por la breve conversación, al
contrario, se diría que hasta algo le alivió el haber podido, sin entrar
en materias peligrosas y reservadas, hablar un poco de una cuestión
que lo viene preocupando como fácilmente se nota. Marcial no es más
medroso que el común de las personas, pero no le agrada nada la
perspectiva de pasar cuatro horas metido en un agujero, en absoluto
silencio, sabiendo lo que tiene detrás. No hemos sido entrenados para
una situación de éstas, le dijo uno de sus colegas, ojalá los
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