LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Página 191
que de lo esencial y profundo nada sabía y que muchas de las palabras
que le oía no pasaban de cortinas de humo, circunstancia por otro lado
nada extraña porque las palabras, muchas veces, sólo sirven para eso,
pero hay algo todavía peor, que es cuando se callan del todo y se
convierten en un muro de silencio compacto, ante ese muro no sabe
una persona lo que ha de hacer, Ayer noche me quedé aquí a su
espera, al cabo de una hora Marcial se fue a la cama y yo esperando,
esperando, mientras mi señor padre estaba de paseo con el perro a
saber por dónde, Por ahí, por el campo, Claro, por el campo, realmente
no hay nada más agradable que andar por el campo de noche, sin ver
dónde ponemos los pies, Deberías haberte acostado, Es lo que acabé
haciendo, por supuesto, antes de transformarme en estatua de sal,
Entonces está todo en orden, no se habla más del asunto, No está todo
en orden, no señor, Por qué, Porque me robó lo que yo más deseaba
en ese momento, Y qué era, Verlo volver, sólo eso, verlo volver, Un día
comprenderás, Espero que sí, pero no con palabras, por favor, estoy
harta de palabras. Los ojos de Marta brillaban rasos de agua, No me
haga caso, dijo, según parece, nosotras, las frágiles mujeres, no
sabemos comportarnos de otra manera cuando estamos embarazadas,
lo vivimos todo de manera exagerada. Marcial gritó desde la explanada
que la carga ya estaba lista, que podía partir cuando quisiese. Cipriano
Algor salió, subió a la furgoneta y llamó a Encontrado. El perro, a
quien no le había pasado por la cabeza la posibilidad de semejante
fortuna, saltó como un rayo al lado del dueño y allí se quedó, sentado,
sonriente, con la boca abierta y la lengua fuera, feliz por el viaje que
comenzaba, en esto, como en tantas otras cosas, son los seres
humanos como los perros, ponen todas sus esperanzas en lo que
vendrá al doblar la esquina, y luego dicen que ya veremos. Cuando la
furgoneta desapareció tras las primeras casas de la población, Marcial
preguntó, Has discutido con él, Es el mismo problema de siempre, si
no hablamos somos infelices, y si hablamos discrepamos, Hay que
tener paciencia, no es necesaria una excepcional agudeza de visión
para percibir que tu padre se está viendo a sí mismo como si viviese
en una isla que se va haciendo más pequeña cada día que pasa, un
trozo, otro trozo, date cuenta de que acaba de llevar los muñecos al
Centro, después regresará a casa para encender el horno, pero estas
cosas las está haciendo como si dudara de la razón de ser que alguna
vez han tenido, como si desease que le apareciera un obstáculo
imposible de trasponer para poder decir en fin se acabó, Creo que
tienes razón, No sé si tengo razón, pero intento ponerme en su lugar,
dentro de una semana todo lo que estamos viendo aquí perderá gran
parte del significado que tiene, la casa seguirá siendo nuestra, pero no
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