LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 170
puñetazo en la cabeza, sólo se dijo a sí mismo con una media sonrisa
triste, A esto puede llegar un hombre, verse implorando un abrazo,
como un niño carente de amor. Puso la furgoneta en marcha, dio la
vuelta a la manzana, ahora más extensa como consecuencia de la
ampliación del Centro, Dentro de poco ya nadie se acordará de lo que
existía aquí antes, pensó. Quince minutos más tarde, sintiéndose
extraño como alguien que, tras regresar a un lugar después de una
larga ausencia, no encuentra mudanzas que objetivamente justifiquen
ese sentimiento, que tampoco puede ignorar, descendía la rampa del
subterráneo. Tras avisar al guarda de la entrada de que venía a pedir
una información, y no para descargar, estacionó la furgoneta en la vía
lateral. Ya había una fila larga de camiones a la espera, algunos
enormes, aún faltaba