LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 169

Marcial, y en ese momento le vino a la memoria que también había encontrado buena la idea de entregar el perro a los cuidados de la vecina del cántaro, Después de acercarte a tu puesto voy a hablar con el jefe de compras, tengo la seguridad de que estará de acuerdo, dijo Cipriano Algor, Ojalá, respondió Marcial, y reparó en que otra vez repetía una palabra pronunciada poco antes, es lo que nos sucede siempre con las palabras, las repetimos constantemente, pero en algunos casos, no se sabe por qué, se nota más. Cuando la furgoneta entraba en la ciudad Marcial preguntó, Quién va a pintar ahora los muñecos, Marta insiste en querer pintarlos, argumenta que yo no podré estar, al mismo tiempo, en misa y repicando, no lo dijo con estas palabras, pero el sentido era el mismo, Padre, las pinturas intoxican, Sí que intoxican, Y en el estado en que Marta se encuentra me parece inconveniente, Yo me ocuparé de la primera mano, puedo usar la pistola, es cierto que dispersa la pintura en el aire pero compensa por la rapidez, Y luego, Luego se pintará con pincel, no perjudica, Se debería haber comprado al menos una mascarilla, Era cara, murmuró Cipriano Algor, como si tuviera vergüenza de sus propias palabras, Si conseguimos encontrar dinero para alquilar la camioneta que sacó del Centro lo que quedaba de cacharrería, también se encontrará el necesario para comprar la mascarilla, No lo pensamos, dijo Cipriano Algor, después enmendó, contrito, No lo pensé. Iban ya por la avenida que los conducía en línea recta al Centro, a pesar de la distancia podían leerse las palabras del gigantesco anuncio que habían colocado, USTED ES NUESTRO MEJOR CLIENTE, PERO, POR FAVOR, NO SE LO DIGA A SU VECINO. Cipriano Algor no hizo ningún comentario, a Marcial lo sorprendió un pensamiento, Se divierten a nuestra costa. Cuando la furgoneta estacionó frente a la puerta del Servicio de Seguridad, Marcial dijo, Después de haber hablado con el jefe del departamento de compras pase por aquí, voy a ver si le consigo una mascarilla, Para mí no es necesario, ya te lo he dicho, y Marta sólo utilizará los pinceles, La conoce tan bien como yo, en la primera ocasión que se distraiga ocupará su lugar y cuando se quiera dar cuenta de lo sucedido será tarde, No sé cuánto tiempo emplearé en el departamento de compras, pregunto por ti aquí o entro y te busco, No entre, no merece la pena entrar, dejaré la mascarilla a mi colega de la puerta, Como quieras, Hasta dentro de diez días, Hasta dentro de diez días, Cuídeme a Marta, padre, La cuidaré, sí, vete tranquilo, mira que no la quieres más que yo, Si es más o si es menos no lo sé, la quiero de otra manera, Marcial, Dígame, Dame un abrazo, por favor. Cuando Marcial salió de la furgoneta llevaba los ojos húmedos. Cipriano Algor no se dio ningún 169