LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Página 153
inepcia mal enmendada, de cualquiera de las innumerables señales
que fácilmente denunciarían la agonía mental en que había vivido en el
interior de aquellas cuatro paredes. Aunque Marcial estuviese
demasiado ocupado con Marta para prestar atención a barros, silicatos
de sodio, yesos, cajas y moldes, el alfarero decidió no trabajar hoy
después de la cena, hacerles compañía en la sobremesa, lo que acabó
por abrirle campo para discurrir con bastante exactitud teórica sobre
una materia de la que, mejor que nadie, sabía hasta qué punto y con
qué desastrosas consecuencias le había fallado la práctica