LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 152
queden ya sabiendo, dije yo, que Marta está embarazada, vamos a
tener un hijo, Se puso contenta, por supuesto, Claro, no paraba de
darme abrazos y besos, De qué te quejas, entonces, Es que con ellos
siempre tiene que haber una nube oscura en el cielo, ahora es esa idea
fija de vivir en el Centro, Ya sabes que no me importaría ceder mi
lugar, Ni pensarlo, eso está fuera de cuestión, y no es porque yo
cambie padres por suegro, sino porque los padres se tienen el uno al
otro, mientras que el suegro se quedaría solo, No sería la única
persona en este mundo que viviría sola, Para Marta, sí, le garantizo
que lo sería, Me dejas sin saber qué responderte, Hay cosas que son
tanto lo que son, que no necesitan de ninguna explicación. Ante una
tan categórica manifestación de sabiduría básica, el alfarero se
encontró por segunda vez sin respuesta. Otro motivo había contribuido
también para la repentina mudez, la circunstancia de que estuvieran
pasando, en ese preciso instante, frente a la calle de Isaura Madruga,
hecho al que la consciencia de Cipriano Algor, al contrario de lo que
había sucedido en el viaje de ida, no encontró manera de permanecer
indiferente. Cuando llegaron a la alfarería, Marcial tuvo el placer
inesperado de verse recibido por Encontrado como si en lugar de su
intimidatorio uniforme de guarda del Centro llevase puestas encima las
más pacíficas y paisanas de todas las vestimentas. Al sensible corazón
del mozo, aún dolorido por la desafortunada conversación con la
progenitora, tanto le conmovieron las efusivas demostraciones del
animal, que se abrazó a él como la persona a quien más amase. Son
momentos especiales, no es necesario recordar que la persona a quien
Marcial más ama en la vida es a su mujer, esta que espera a su lado
con una tierna sonrisa su turno de ser abrazada, pero así como hay
ocasiones en que una simple mano en el hombro casi nos hace
derretirnos en lágrimas, también puede suceder que la alegría
desinteresada de un perro nos reconcilie durante un breve minuto con
los dolores, las decepciones y los disgustos que el mundo nos ha
causado. Como Encontrado sabe poco de sentimientos humanos, cuya
existencia, tanto en lo positivo como en lo negativo, se encuentra
satisfactoriamente probada, y Marcial menos todavía de sentimientos
caninos, sobre los que las certezas son pocas y miríadas las dudas,
alguien tendrá que explicarnos un día por qué diablo de razones,
comprensibles a uno y otro, estuvieron estos dos aquí abrazados
cuando ni siquiera a la misma especie pertenecen. Como la elaboración
de moldes era en la alfarería una novedad absoluta, Cipriano Algor no
podía dejarle de mostrar al yerno lo que había hecho en estos días,
pero su amor propio, que ya lo indujo a rechazar la ayuda de la hija,
sufría con la idea de que se pudiera apercibir de algún error, de alguna
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