LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Página 154

preguntó Marta, me autorizan los señores a tener una idea, Ya la has tenido, reventarías si no la echaras afuera, rezongó el padre, Cuál es, preguntó Marcial, Esta mañana la pasta descansa, vamos a poner todo esto en condiciones decentes, y como mi querido padre no quiere que me canse trabajando, daré las órdenes. Cipriano Algor y Marcial se miraron el uno al otro, a ver quién hablaría primero, y como ni uno ni otro se decidía a tomar la palabra, acabaron diciendo a coro, De acuerdo. Antes de la hora en que Marcial y Marta salieran para el almuerzo, la alfarería y todo lo que en ella se contiene estaba tan limpio y aseado cuanto se podría esperar de un lugar de trabajo donde la lama es la materia prima del producto fabricado. En verdad, si juntamos y mezclamos agua y barro, o agua y yeso, o agua y cemento, podremos dar las vueltas que queramos a la imaginación para inventarles un nombre menos grosero, menos prosaico, menos ordinario, pero siempre, más pronto o más tarde acabaremos llegando a la palabra justa, la palabra que dice lo que hay que decir, lama. Muchos dioses, de los más conocidos, no quisieron otro material para sus creaciones, pero es dudoso si esa preferencia representa hoy para la lama un punto a favor o un punto en contra. Marta dejó preparado el almuerzo del padre, Es sólo calentarlo, dijo al salir con Marcial. El ruido débil del motor de la furgoneta disminuyó y se desvaneció rápidamente, el silencio se adueñó de la casa y de la alfarería, durante un poco más de una hora Cipriano Algor estará solo. Aliviado de la situación nerviosa de los últimos tiempos, no tardó mucho en notar que el estómago comenzaba a darle señales de insatisfacción. Llevó primero la comida a Encontrado, después entró en la cocina, destapó la cacerola y olió. Olía bien y aún estaba caliente. No había ninguna razón para esperar. Cuando acabó de comer, ya sentado en su sillón de reposo, se sintió en paz. Es de sobra conocido que el gozo del espíritu no es del todo insensible a una alimentación suficiente del cuerpo, sin embargo, si en este momento Cipriano Algor se sentía en paz, si experimentaba una especie de transporte casi jubiloso en todo su ser, no se debía sólo al hecho material de haber comido. Por orden, contribuyeron también para ese venturoso estado de ánimo su innegable avance en el dominio de las técnicas de modelado, la esperanza de que a partir de ahora se acaben los problemas o pasen a mostrarse menos intratables, el excelente entendimiento de Marta y Marcial, que, como suele decirse, entra por los ojos de cualquiera, y, finalmente, pero no de menor importancia, la limpieza a fondo de la alfarería. Los párpados de Cipriano Algor cayeron despacio, se levantaron todavía una vez, después otra con mayor esfuerzo, la tercera no pasó de una tentativa enteramente 154