La 20 Anda Diciendo 3° Edición Agosto 2020, Edición Sanmartiniana | Page 20

LA 20 ANDA DICIENDO

Durante el tiempo que compartimos, Belgrano se transformó en el mejor colaborador que pude haber tenido y el más modesto. Después de haber sido general, aceptó, por ejemplo, ocuparse del curso de adiestramiento, sin amargura ni vanidad. Aunque eso le valió las burlas de soldados como el coronel Manuel Dorrego, que había estado a sus órdenes en el Alto Perú y que se animó a imitarlo.

“¡Cómo se atreve a imitar al general Belgrano!”, le grité a Dorrego

golpeando un grueso candelabro sobre la mesa, tan fuerte que casi lo partí en dos. Y después mandé al insolente al destierro, a Santiago del Estero.

–¡Qué mal se portó “Borrego”! –interrumpe Pepita.

–Dorrego, no Borrego. –Sonríe el abuelo–. Era un oficial muy eficiente

y valiente, que había sido clave en el triunfo de Tucumán y luego sería un gran patriota, además de gobernador de Buenos Aires. Pero tenía esas cosas y por eso le decían “el loco Dorrego”.

Cuando a Belgrano lo obligaron a regresar a Buenos Aires para juzgarlo

por las derrotas del norte, antes de irse me hizo un único pedido: “Le pido que conserve esta bandera y la enarbole cuando todo el ejército esté formado”.

No hace falta decirles que cumplí cada día con lo que me pidió.Finalmente, en Buenos Aires, lo absolvieron de los cargos y se fue en una misión diplomática a Europa.

Nos pusimos de acuerdo para alcanzar una nueva meta:

lograr la declaración de la independencia.

Estando lejos, seguimos siempre escribiéndonos y nos pusimos de

acuerdo para alcanzar una nueva meta: lograr la declaración de la

independencia, que era imprescindible para poder seguir luchando contra la dominación española y para que nuestros enemigos dejaran de considerarnos insurgentes.