LA 20 ANDA DICIENDO
En esta carta Belgrano me escribe que espera que yo sea un
compañero que lo ilustre y ayude.
–¿Y a Belgrano no le molestó que vos fueras a reemplazarlo? –pregunta Merceditas.
A José la lectura de la carta lo conmovió y la voz se le quiebra un poco cuando les explica a sus nietas:
–No. A cualquier otro hombre que le manden a alguien para que lo
reemplace y le quite el poder que tiene le hubiese molestado, pero no fue el caso de mi amigo, que era un hombre generoso y que pensaba por sobre todo en su país.
Con la carta todavía en la mano, San Martín sigue contando:
«En enero de 1814, llegamos por fin al norte. Todavía me acuerdo cómo me impactó el camino, esa tierra árida y esos cerros de colores. Se parecía
un poco al sur de España y también a África, pero era un lugar único.
Cuando nos encontramos con Belgrano cerca de Salta, nos dimos un
gran abrazo. ¡Qué emoción y qué gusto me dio conocer personalmente a quien era ya mi amigo! Hablamos horas, hasta la madrugada, acerca de la patria y de todo lo que teníamos por delante. Yo le dije que venía a ponerme a sus órdenes, porque no quería herir su dignidad.