LA 20 ANDA DICIENDO
La pequeña tiene mucha energía. Es «movediza», como dice su mamá, a
veces comprensiva y a veces con tono de reproche. Desde que la llevaron al circo, Pepita hace todo el tiempo pruebas. Trata de imitar lo que les vio hacer a los acróbatas. Ese es ahora su juego favorito.
–Mirá, abuelo, ¡cada día me sale mejor! –exclama con los pies en el
aire.
–Porque no dejás de hacerlo… ¡una, dos, tres… miles de veces!
–dice Merceditas con impaciencia. Como su abuelo, ella también tiene un libro en la mano, pero los brincos que da su hermana menor se llevan toda su atención y les ganan a sus intenciones de leer.
–Si Pepita quiere mejorar, está bien que practique –explica José–. Cuando uno hace mucho algo, y practica y practica, siempre terminahaciéndolo mejor
A Merceditas le gusta demostrarle al abuelo que entendió y que con
ella, que es más grande, puede conversar de lo que quiera, así que después de pensar unos momentos, agrega:
–¡Ah! Por eso llegaste a ser el mejor general de todos, porque
practicaste y practicaste sin parar en África, España, Argentina, Chile,
Perú…
José se ríe sacudiendo levemente la cabeza, cada día más blanca, y deja
su libro en la mesa de madera oscura. Ya va a seguir leyendo en otro
momento.
–La práctica me ayudó, no voy a negarlo –cuenta–. Fueron muchos los
años batallando. Pero también me ayudó haber tenido los mejores soldados, grandes compañeros de armas y excelentes amigos.
–¿Tuviste un mejor amigo? ¿Alguien como Monique para mí? –
pregunta Merceditas, que piensa en esa amiga con la que juega y a la que tanto quiere.