Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 82 3.4. ¿ Diferencias tácticas o contradicciones en el bloque de poder?
Después de esbozar este marco interpretativo y volviendo al caso de Colombia, nos volvemos a preguntar: ¿ Es la confrontación Uribe-Santos superficial o refleja contradicciones dentro del bloque dominante producidas o potenciadas durante el proyecto uribista en el poder?
En primera instancia, podemos vernos tentados a responder que sí es una confrontación superficial, en tanto la continuidad entre ambos mandatarios en la política de la Confianza Inversionista e incluso en la PSD – recordemos los golpes de Santos a las FARC-, es bastante clara. Siguiendo este hilo argumental podríamos entender el diálogo iniciado con las FARC como una jugada táctica para conseguir la reelección. Incluso tal jugada, en su variante“ mala” – es decir, que los diálogos se rompan en algún momento-, no implicarían necesariamente que no sea reelegido. Excepto en los círculos uribistas, no hay ningún actor nacional ni internacional que piense que Santos se equivoca tratando de dialogar con las FARC.
Pero, por otro lado, considerar que la confrontación refleja contradicciones dentro del bloque de poder tampoco es equivocada. De hecho, proponemos que es bastante más interesante.
En primer lugar, la PSD en la etapa del uribismo en el poder, está estrechamente conectada con una coyuntura muy concreta, que es la ofensiva neoconservadora norteamericana que fracasó estrepitosamente. El triunfo de Obama en 2008, y nuevamente en 2012, evidencia el fracaso de la variante neoconservadora para frenar el declive de la hegemonía de EEUU. Las causas que explican el triunfo de Obama, forman parte del mismo proceso que explica el auge de gobiernos de izquierda y centro izquierda en la región. Y el asilamiento internacional de Uribe, especialmente por las consecuencias de la PSD, también es consecuencia del mismo proceso. En este sentido también podemos ver que el discurso militarista; la construcción social de las guerrillas como narco-terroristas que les niega su carácter político y su posibilidad de negociación; los rasgos autoritarios y bonapartistas; los escándalos de la parapolítica o los falsos positivos; y las flagrantes violaciones de los derechos humanos bajo su mandato, están desfasados con el clima político actual, tanto latinoamericano como mundial. En este sentido, es posible que haya fracciones del capital o de las élites políticas colombianas que sientan que la variante uribista ha perdido validez para dirigir el boque de poder dominante.
Respecto a la Confianza Inversionista, si bien hay razones suficientes para pensar que Santos sigue una línea continuista, tras los pequeños gestos como la“ restitución de tierras”, o un discurso en lo social con pequeños gestos con los que trata de diferenciarse de Uribe, se advierten otra serie de procesos. Uno de ellos, más superficial, es la mera estrategia electoralista que busca abarcar un espectro político de votantes más amplio, tratando de moverse más hacia el centro o incluso centro-izquierda. Pero la segunda, quizá más interesante, es que existe, desde hace tiempo, un progresivo aumento de la protesta social y de la articulación de movimientos sociales y políticos de diversos matices dentro de la izquierda. Esta cuestión, por la que hemos pasado muy por encima en el trabajo, pensamos que tiene que ver, al menos en alguna medida, con una reacción al proyecto uribista en proporcionalidad a sus políticas de criminalización, entre otras. Estas corrientes subterráneas, pueden ser percibidas por sectores de la burguesía como potenciales amenazas y, por lo tanto, la dirección del bloque dominante a través de la variante“ blanda” que Santos representa, puede ser pensada como una opción con posibilidad de amortiguar la protesta.
Y en tercer y último lugar, algunos sectores del bloque dominante pueden pensar que la