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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 81
Colombia, un país dependiente de la periferia global, dio un importante giro en su patrón de acumulación en los años noventa que fue continuado y profundizado bajo el gobierno de Uribe. Sin embargo, Colombia no es un caso aislado. El neoliberalismo que dominó en toda Latinoamérica, a excepción de Cuba, responde a una nueva fase en el ámbito internacional dominada por el capital financiero. Este cambio en el régimen de acumulación global dirigido por las potencias occidentales del Norte, y especialmente después de la caída del llamado“ socialismo real”, es el que explica la generalización de las políticas de ajuste y reforma del Estado, al mismo tiempo que perfila el régimen de acumulación en la periferia global hacia modelos extractivistas. En realidad, este perfil al que nos acabamos de referir no sería tan diferente del tradicional papel de la periferia como suministradora de materias primas baratas, si no fuera, 1) Por la estrecha relación entre el capital financiero internacional, muchas veces de carácter especulador, y el modelo minero-agro-exportador; y 2) Porque ese régimen de acumulación liderado mundialmente por la fracción financiera del capital transnacional, está en crisis sistémica 58.
Podríamos mencionar, para apoyar tal argumento, la crisis económica mundial que estalló en 2008 en EEUU o hablar de la crisis de deuda en la Unión Europea como ejemplos que ilustran la crisis del capitalismo financiero, o de su correlato político-ideológico: el neoliberalismo. Sin embargo, esta crisis que hoy se manifiesta de manera clara y evidente, es la manifestación global de la misma crisis que se anunció, unas décadas antes, en la periferia global del subcontinente americano.
El giro político que se ha producido en América Latina en la primera década del siglo XXI refleja, a nuestro juicio, algunas consecuencias de la crisis sistémica del capitalismo financiero mundial que hemos expuesto de forma muy general. En concreto, pensamos que tal crisis ha desencadenado dos fenómenos estrechamente relacionados, pero que, para poder pensarlos, consideramos más apropiado separarlos analíticamente.
El primero de ellos, es que el giro político en países como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil, Argentina, Nicaragua, etc., refleja un cambio en la correlación de fuerzas entre el bloque dominante y las fuerzas contrahegemónicas en estos países. Sin embargo, a pesar de que el neoliberalismo en estos países, como ideología del capitalismo financiero, se haya devaluado enormemente, la estructura económica mundial y la posición que el Sur global sigue ocupando en ella( aunque haya cambios) sigue siendo básicamente la misma de los noventa, aunque esté en crisis. Además de esto, siguen siendo sociedades capitalistas en las que la burguesía nacional y transnacional posee gran poder e influencia.
El segundo elemento, teniendo en cuenta lo anterior, es que este giro a la izquierda y este retroceso del bloque hegemónico en cada uno de estos países, ha generado también contradicciones dentro del bloque dominante y las élites de la burguesía. Si tenemos en cuenta, ahora sí, los dos elementos mencionados, lo que sucede es que los realineamientos entre las fracciones del capital y sus élites, en un contexto de ascendencia de fuerzas contrahegemónicas, producen alianzas cuya fuerza directiva resultante se expresa en gobiernos con un carácter singular y contradictorio. Así por ejemplo, en el caso del gobierno kirchnerista en Argentina, vemos cómo se puede promover el fortalecimiento del Estado y desarrollar políticas económicas redistributivas y, al mismo tiempo, fomentar un modelo minero-agro-extractivista que provoca contradicciones y perjuicios dentro de las clases populares y sus organizaciones.
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Aquí seguimos la perspectiva teórica de: Arrighi( 1999; 2007); Arrighi, G. y B. Silver,( 2001); Wallerstein, I.( 2005).