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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 58
transformaron en las fuentes de inspiración de la nueva generación de los movimientos estudiantiles, movimientos de organizaciones indígenas y movimientos que reivindican las luchas de los afrodescendientes.
Así, el conflicto escenificado por una alianza social compuesta por elementos de diferentes clases y de“ no clases” Europeo es diferente a la caracterización social de los movimientos latinoamericanos. La dificultad de los movimientos sociales de no contar con formas institucionales para evidenciar su fuerza, éxito, logros y crecimiento, debido a la separación [ sociedad civil ] / [ Estado ] se debió, a la deslegitimación de la política institucionalizada y representativa, y en mayor medida, a los factores de represión implementados por las fuerzas del Estado y el para-Estado, que fueron sin duda los que causaron el gran debilitamiento de los movimientos sociales en Colombia.
La nueva teoría política que se ocupe de integrar los lazos entre [ sociedad civil ] – [ partidos políticos ] – [ Estado ], se enfrenta al dilema de proponer salidas para que los movimientos sociales puedan consolidar sus fragmentadas demandas en un proyecto político con incidencia en la toma de decisiones en los espacios de reconocimiento legitimo a nivel local y a nivel global. En el siglo XXI el tema del medio ambiente, los modos de vida, las identidades étnicas y las reivindicaciones de justicia histórica han tomado un lugar central en la política latinoamericana. El momento de giro político con los gobiernos progresistas de la región, pasa por la prueba de llevar a cabo un nuevo“ paradigma político” que posibilite la expresión de las demandas de estos movimientos sin la represión de sus protestas, que abra un espacio para que estos puedan incorporarse en la política institucional con el objetivo de disputar democráticamente los escenarios de poder donde son tomadas las decisiones políticas y económicas que a nivel estructural pueden dar respuesta al conjunto de las demandas sociales del presente.
La estrategia extractivista de la nueva fase de capitalismo financiero, esta regresando a Latinoamérica a un modelo económico primario-exportador, en una ola neocolonizadora de compra masiva de tierras, concesiones público-privadas y la estrategia de socios estratégicos que proponen el comercio sur-sur entre los Estados-nacionales latinoamericanos y las mega corporaciones de los gigantes asiáticos. Los países de la denominada periferia, sin importar su orientación política, están reviviendo los principios de progreso y desarrollo, justificando la necesidad de entrada de divisas para la recuperación económica de la última crisis mundial. Por esto, es importante revisar lo que se viene tejiendo en Colombia, entre unas alianzas partidarias dominantes, en contra de las alternativas sociales y políticas, con la ejecución de una política de“ seguridad democrática” que posibilita llevar a cabo los megaproyectos de la política económica de“ confianza inversionista” para atraer a los grandes capitales inversionistas.
Las Alianzas partidarias dominantes del Siglo XXI
Los ejes tomados para el análisis de las alianzas partidarias de Colombia en los comienzos del siglo XXI, son: 1) la política económica de confianza inversionista; 2) la recomposición de las clases dominantes en un momento de contradicciones internas y de disputa por la conducción del proyecto político hegemónico; y 3) los cambios en la función del Estado que se vienen presentando en la reglamentación del sistema de partidos y sistema electoral.
En el periodo de reelección del ex-presidente Álvaro Uribe Vélez( 2006-2010), se organizó el paso hacia lo que se viene denominando como el“ proceso de conversión de Colombia en un país minero y cocalero”( Gutierrez y Zuluaga, 2011), con el agravante de la caracterización que nos indica que en Colombia la“ precariedad de la presencia del Estado [ se expresa ] en un