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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 354
Sí señor, Medellín son dos en uno: desde arriba nos ven y desde abajo los vemos, sobre todo en las noches claras cuando brillan más las luces y nos convertimos en focos. Yo propongo que se siga llamando Medellín a la ciudad de abajo, y que se deje su alias para la de arriba: Medallo. Dos nombres puesto que somos dos, o uno pero con el alma partida. ¿ Y qué hace Medellín por Medallo? Nada, canchas de fútbol en terraplenes elevados, excavados en la montaña, con muy bonita vista( nosotros), panorámica, para que jueguen fútbol todo el día y se acuesten cansados y ya no piensen en matar ni en la cópula. A ver si zumba así un poquito menos sobre el valle del avispero.( Vallejo, 1994: 101)
¿ Qué nos identifica? Podría afirmarse que como respuesta al discurso que legitima la exclusión, el parlache se apropia del lenguaje nacional, dotándolo de significación. Sólo un colombiano puede entender qué significa bareto, berraco, carechimba, parche, cucha, fierro, chumbimba, gazimba, paila, parcero, sisas, visaje, pirobo, etc. Como lo afirma Bustos,
Eso es lo fascinante de toda esta historia: fue el parlache el que definió con sus vocablos, cadencias y simbología la forma en que los hijos de la clase media, de la clase dirigente, de los políticos, todos, hablan en Colombia. En determinado momento el lenguaje de los desheredados conquistó a la sociedad entera. Y mi generación lo adaptó como suyo. Empezamos a hablar como sicarios. Sucedió en algún momento en los ochenta o noventa, ni yo estoy seguro, pero el fenómeno en si mismo constituye uno de los ejemplos más contundentes de justicia poética, o simple justicia, en Colombia. …(…)… Ni los presidentes han sido ajenos al fenómeno. El anterior, Álvaro Uribe Vélez, habla por sí mismo. En una conversación telefónica salida a la luz pública reconviene de esta manera a un asesor sospechoso de corrupción: ¡ Estoy muy berraco con usted, y si lo veo le voy a dar en la cara marica!( Bustos, 2011: 6-10)
El texto de Vallejo asume la apropiación del parlache en la sociedad colombiana, enunciándolo desde la historia del gramático, que como en una novela iniciática se reconstruye, desaprende para poder significar a la realidad nacional contaminada por la narcocultura y su espantoso negocio de la muerte. ¿ Qué significa que el parlache produzca sentido en la configuración cultural colombiana? El triunfo simbólico del narcotráfico, la aceptación de los enunciados de la muerte, asumir los anticuerpos que genera la violencia, violentar al lenguaje, describir el delirio, aceptar que eran necesarias nuevas palabras para describirnos, porque las que usábamos no significaban.
Como el gramático que entiende a Colombia desde la sábanas de su apartamento, vinculando a Tánatos y a Eros desde la distopía y el discurso apocalíptico, los colombianos asumimos pasivamente el silencio y nos condenamos a la podredumbre del corazón, a un país sin viejos en el que todos somos víctimas y victimarios de la violencia, y los sicarios son el símbolo y condensación de esa violencia que desde los años cincuenta no está consumiendo.
En mi Colombia querida la muerte se nos volvió una enfermedad contagiosa. Y tanto, que en las comunas sólo quedan niños, huérfanos. Incluyendo a sus papas, todos los jóvenes ya se mataron. ¿ Y los viejos? Viejos los cerros y Dios.( Vallejo, 1994: 96)
La tematización y la figurativización de la violencia como significante en la sociedad colombiana, hacen de La virgen de los sicarios una novela que construye y funda una nueva forma de mirarnos, interiorizando que Colombia está condenada; como el narrador de la novela, que se enamora primero de Alexis“ el Ángel Exterminador”, y después de Wilmer, el asesino del primero, silenciando el dolor frente a la perdida, porque todo se lo lleva la muerte.