Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 355 3. Conclusiones
Los límites culturales fundamentados en la exclusión como constante de la sociedad colombiana se difuminaron con la aceptación del narcotráfico y la ausencia de un Estado que condene los actos violentos; todo lo contrario, en Colombia la violencia ha sido el mecanismo de legitimación política por excelencia. La frontera de la exclusión se desintegra con la apropiación del parlache en los modismos nacionales, si no hay límites el significado no cambia de sentido. Al interior de la configuración cultural construida a partir de la violencia, puede pensarse al parlache como una de las categorías identitarias en las que el colombiano se reconoce, genera pertenencia, se enuncia y lee las relaciones sociales.
Hemos naturalizado la violencia, y ésta como proceso de sentido, permite comprender la sociedad colombiana y al conjunto de sus relaciones. La tristeza radica en afirmar que nos identifica la violencia, superando los regionalismos, las clases sociales, los niveles de educación, los ingresos y la raza; y que esa identificación fortalece al Estado, sustenta sus políticas de exclusión y perpetúa el conflicto armado: porque la violencia en Colombia es un negocio. Vallejo denuncia, y el tono oral de la novela lo sustenta, el sentido de pertenencia, la autoafilación sustentada en la violencia, y aquí cobra sentido la historia de un gramático que regresa a Colombia a morirse, y tiene como guías espirituales en ese proceso tanático, al símbolo de la violencia colombiana: el joven sicario. Si Dante quería la redención de la mano de Beatrice; Fernando, el protagonista de la novela, busca la destrucción, escoltado con la muerte encarnada en la mocedad. Alexis muere, Wilmer también esa es la resignación del no futuro; Colombia es entonces la tierra de los muertos vivientes, como a los zombis, a los colombianos se nos pudrió la carne y el corazón, la colombianidad habita en el olvido, en el silencio y en la ausencia de la razón. En la resignación cobra sentido la frase de Borges:“ Ser colombiano es un acto de fe”.
Habría que preguntarse a quién le conviene la resignación y el reduccionismo en la fe, como categoría identitaria; Vallejo en la novela evidentemente no planeta un nuevo camino, concluye despidiéndose con la conciencia de una nación sin salida. Rodas( 2006) afirma que el parlache es un lenguaje metafórico, sonoro y musical, lejano de toda estética, pero con perceptible sentimiento de dolor y tristeza; no es casual entonces que la novela finalice con el narrador – protagonista, implementando el parlache para decirle adiós al lector.
Bueno parcero, aquí nos separamos, hasta aquí me acompaña usted. Muchas gracias por su compañía y tome usted, por su lado, su camino que yo me sigo en cualquiera de estos buses para donde vaya, para donde sea. Y que te vaya bien, que te pise un carro o que te estripe un tren.( Vallejo, 1994, 142).
Vallejo nos condena a la muerte, además dolorosa, pisados o estripados, para garantizar la imposibilidad de quedar vivo. Sigamos pensando a quién le conviene la resignación y la pasividad, para que no nos transformemos en unos suspiradores profesionales.