Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 352
los siguientes temas:
• Consumismo y violencia: La narcocultura, como discurso de la violencia, trajo como consecuencia el posicionamiento social a partir de la capacidad de consumo, lo que significó no sólo el reconocimiento público a partir del dinero y de los lujos, sino un posicionamiento frente a la vida en la que todo es comprable.
• Lo humano en las fronteras de la violencia: La complejidad del narcotráfico imposibilitó la división entre víctimas y victimarios. Por ejemplo, los sicarios pueden ser considerados unas víctimas del sistema, cuya única posibilidad de ascenso social es la muerte y son los personajes humanizados en esta novela.
• El desvalor de la vida: El narcotráfico puede ser entendido como la mayor manifestación de violencia, ya que evidencia que el Estado colombiano no posee el monopolio del uso de la fuerza. En este sentido, se instaura una ética en la que toda vida tiene un precio, y es el valor lo que dignifica la existencia.
• Los anticuerpos de la violencia: En los años ochenta y noventa se generó una nueva sensibilidad frente a la muerte y el horror, que redundó en el silencio y la pasividad. En Colombia se aprendió a vivir con las bombas, a ser insensatos frente al dolor y a anestesiar cualquier instinto reaccionario, lo que puede ser definido como un estado social delirante, con un discurso anómico como respuesta al crimen y que se reconstruye en la novela seleccionada.
La violencia descrita a partir de las anteriores tropos en el texto de Vallejo se concentran en la figura del sicario, y en la construcción de la relación del narrador / protagonista con sus amantes, asesinos a sueldo, fundamentada en la imposibilidad de mantener la dicotomía entre civilización y barbarie. La novela, narrada en primera persona por Fernando, el último gramático del país, que regresa a Medellín para morirse, apela con constancia al lector y recupera el tono oral de la cultura paisa, reflejada no sólo en la irreverencia del lenguaje del narrador, sino en la vulgaridad y agresividad del parlache 235 de sus dos amantes sicarios, que Vallejo incluye como estrategia narrativa. La elocuencia y el aparato retórico del último filólogo colombiano, que no puede resistirse a la violencia que permea a Medellín, se subyuga frente a la belleza de los asesinos, a la vitalidad de sus cuerpos y a la caducidad de sus vidas; son ángeles de la muerte, conscientes de su paso corto por este mundo.
Abuelo, por si acaso puedes oír del otro lado de la eternidad, te voy a decir qué es un sicario; un muchachito a veces un niño, que mata por encargo. ¿ Y los hombres? Los hombres por lo general no, aquí los sicarios son niños, muchachitos, de doce, quince, diecisiete años, como mi Alexis, mi amor: tenía los ojos verdes, hondos, puros, de un verde que valía por todos los de la sabana. Pero si Alexis tenía la pureza en ojos, tenía dañado el corazón. Y un día, cuando más lo quería, menos lo esperaba, lo mataron, como a todos nos van a matar.( Vallejo, 1994, p. 14)
La violencia no se queda sólo en la instancia de lo material, el lenguaje, la descarga narrativa que recibe el lector es a la vez un gesto violento por parte de Fernando Vallejo. El ejercicio perceptivo, la apelación a un público vulnerado sustentan a la violencia como significante, y plantean interrogantes sobre la construcción de la colombianidad en los límites de la violencia
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La Real Academia lo define como,“ jerga surgida y desarrollada en los sectores populares y marginados de Medellín, que se ha extendido en otros estratos sociales del país”. Incluir los modismos del parlache a la novela, le brinda verosimilitud a los textos, lo que ha generado que los textos pertenecientes a la sicaresca, muchas veces pierdan fuerza al ser traducidas. Como recursos tienen:“ la adición o supresión de fonemas( sisas, ñero), la inversión silábica( misaca), la fusión de significante y significado( Medallo, Metrallo), préstamos de otros idiomas( man), onomatopeyas( tastaseo), entre otras.”( Rengifo, 2007: 110). En la actualidad existe un diccionario de parlache con cerca de cuatro mil entradas.