Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 345
narración del paisaje y de los cuerpos que lo recorren es siempre la narración de un tránsito.“ Abraham esperaba con impaciencia el fin de la conferencia y el comienzo de la actividad, para echar otra vez a andar y darle aunque sea sentido a la situación en que estaban.”( González, 2010: 168). Las pocas veces que ese tránsito se detiene, el propio paisaje, su violencia, su belleza, hace desaparecer los cuerpos, exhaustos:“ Todo el mundo estaba al borde del colapso. Se tendieron como fardos lo mejor que pudieron y casi de inmediato todos dormían, a pesar del frío y de la niebla que poco después, compasiva, los borró por un tiempo de la Tierra.”( González, 2010: 174)
Sexto apunte
La otra tensión que trazaría el territorio del entre en Abraham entre bandidos sería la tensión política e histórica que conforma la dicotomía-determinante de la historia violenta de Colombia, de su paisaje de violencia- entre amigo y enemigo. Se sabe que la construcción de los actores políticos en Colombia, no sólo en los años cincuenta, sino aún todavía, pasa por el dominio de una lógica política sobre una lógica de guerra, donde la sobrevivencia de uno depende de la muerte del otro y“ todas las relaciones quedan reducidas a la lógica amigo-enemigo.”( Blair, 1995: s / p) Esta lógica, que en el caso colombiano ha perdurado en el tiempo, instaura lo que María Teresa Uribe, Foucault mediante, identifica como un“ estado o situación de guerra.” La situación de guerra remite a un Estado cuya soberanía es débil o no ha podido terminar de ser resuelta, y por lo tanto es puesta en cuestión por poderes que acuden a las armas disputándose el ejercicio de la dominación territorial.“ Lo predominante en el escenario del estado de guerra – señala la politóloga- son las mutuas desconfianzas, las manifestaciones de hostilidad entre las partes, el desafío permanente y la voluntad manifiesta de no reconocer más poder que el propio, prevalidos los grupos concurrentes de la fuerza que otorga la violencia y de su capacidad para usarla en contra del enemigo.”( Uribe, 1998: s / p)
Es dentro de este escenario donde se relacionan y se desplazan los personajes de la novela de González. En ella, la dicotomía que propone la lógica política de amigo y enemigo es conducida hacia un territorio del entre en el que los vínculos afectivos( la antigua amistad entre Abraham y Pavor; la amistad presente entre Abraham y Saúl; la relación de pareja entre Abraham y Susana, la maternal entre Susana y sus hijos, etc.) operan en la puesta en crisis del binomio. De esta manera Abraham entre bandidos se sitúa, narrativamente, en un espacio incierto, indeterminado entre la amistad y la enemistad producida por la violencia. Esta indeterminación, aquello que hace indecidible esta tensión entre amistad y enemistad, proviene del hecho de que la novela no toma la cuestión‘ amigo-enemigo’ como un asunto propiamente singular. No se trata tanto de una amistad determinada, del tipo‘ Fulano el amigo( o el enemigo) de Zutano’, como tampoco, explayando otro tipo de identidad, se trata de los enfrentamientos entre bandos liberales y conservadores, identidades en pugna. Se trata más bien de la tensión entre amigo y enemigo en tanto aquello que posibilita( y que impide también, que obstaculiza) los lazos existentes en una sociedad históricamente violenta. No es de la amistad( o la enemistad) de uno a otro de lo que trata la novela de González, sino más bien del entre que exige la amistad y la enemistad para realizarse como lazo social, como cuestión, diría Derrida, de lo político,( Derrida, 1998: s / p) como potencia, diría Agamben, de lo político.( Agamben, 2005: s / p)
En ese sentido, la tensión entre amistad y enemistad en Abraham entre bandidos otorga a los personajes la común afirmación de su estar-entre. Son indecidibles y fluctuantes la amistad y la enemistad en las razones que llevan a Pavor( o a Enrique Medina, depende de cómo se lo mire) a ejercer violentamente sobre Abraham la obligación de caminar con ellos por las