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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 344
serlo allí donde el con que la con-forma ha sido desviado, forzado, transmutado o reemplazado por otro tipo de vínculo( otro tipo de guión, diríamos) con el que los cuerpos y sus subjetividades se entrelazan? ¿ Qué pasa cuando ese vínculo otro, ese que ya no es el con, es un vínculo que no termina de serlo del todo, como sucede con el entre de Abraham entre bandidos? Porque ese entre, debemos advertirlo, refiere no tanto a un vínculo como a una tensión. Recorrer esa tensión, trasladarse hacia ella, entre ella, realizar la posibilidad de una comunidad en ese territorio que ella traza, en ese paisaje de violencia y esa geografía de los afectos, pareciera ser el sentido ya no solo literario sino, por literario, político, de la novela de González. Ese territorio de la tensión que no es otro que un territorio del entre.
Quinto apunte
Tomás González habla de ese territorio de manera más simple y general. En una entrevista que puede leerse en la red, declara que aquello que sucede en sus libros“ es siempre la lucha entre la vida y la muerte. En todos se narra ese conflicto de fondo, siempre permanente, de la existencia(...) es ese el tema que une todas mis narraciones, desde El viaje infinito de Carola Dixon [ un cuento de su libro El rey del Honka-Monka ], que transcurre frente a las costas de Nueva Jersey; hasta La historia de Horacio, que se desarrolla en Envigado durante la década de los sesenta. Creo que para mí ese es el gran tema: el conflicto entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal, entre la forma y el caos.”( Duarte, 2010: s / p)
Podría sumársele a las tensiones enunciadas por González dos más que trazarían los territorios del entre en Abraham entre bandidos. Una sería la tensión entre los personajes y la geografía que recorren, la fluctuación que se da entre unos y otros, los recorridos, las travesías, las caminatas, los extravíos en ese paisaje de violencia al que Abraham( aquel que, bíblicamente, es quien recibe el llamado, a quien se le dice“ ven, haz lo que yo digo”) es forzado a penetrar por mandato de Pavor. En esta tensión se descubre la novela como la narración de un trayecto, es decir de un espacio y una temporalidad que conforman una zona indecidible, un territorio del entre que acontece entre la partida y el regreso:
Otra vez se empezó a oír el sonido del agua que bajaba con fuerza entre las piedras. Saúl le preguntó a Abraham que cómo se sentía y Abraham dijo que tenía flojas las rodillas, y que la sed y el hambre lo estaban matando.‘ Alguna vez tendremos que parar y algo nos habrán de dar de comer estos hijueputas’, dijo Saúl en voz baja. Pero durante mucho tiempo el río se siguió oyendo lejos, a pesar de que ellos parecían estar avanzando. Y la sed arreciaba. Ya vamos llegando, muchachos, decía Piojo, pero volvía a aparecer otra montaña que era necesario subir, otra cañada por la que había que bajar, y aparecían más guaduales y cafetales, y fincas lejanas donde ladraban los perros, y al río nunca llegaban.( González, 2010: 153).
En esta tensión, el entre de Abraham entre bandidos es el recorrido de unos cuerpos compelidos a penetrar a través de una inmensa geografía marcada por los paisajes de la violencia, donde coexiste la belleza y la inmensidad de las montañas entre el horror y el desangre de los robos, los asesinatos, las masacres.“ Nubes blancas, muy pacíficas, cruzaban el azul uniforme bajo el cual nadie habría podido pensar que transcurrieran guerras, mucho menos aquella, que, como ojos reventados, cascos de botellas en las palmas de las manos, uñas arrancadas, dientes descuajados, fluía de manera tan desordenada y caprichosa.”( González, 2010: 154) Cada lugar al que llegan los bandoleros liderados por Pavor, cada camino por el que avanzan y por el que impulsan a Abraham y a Saúl, cada montaña, cada río, está siempre más allá, incluso cuando esos lugares, esas montañas, esos ríos, se repiten:“ Abraham sintió que el Tiempo estaba recorriendo el mismo camino, pero en sentido contrario, y que ahora era todo doblemente difícil y oscuro.”( González, 2010: 184) La