Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 325
Giacometti. Además de la sensación de desespero evocada por las imágenes religiosas de la niñez, la lectura empieza a complejizarse ante las múltiples referencias sonoras del siglo XIX y XX, Europeas o Latinoamericanas. La relación que se cimenta entre los sentidos y las referencias estéticas, dan luz, sobre el ambiente que rodea la muerte. La luz de los sonidos de Villa Lobos: Bachianas Brasileira n. 5, se asocian al recuerdo de la muerte de David y el efecto de profundidad en su pintura del ferry.
Teniendo en cuenta esa profusión de experiencias estéticas alrededor de la muerte, la sinestesia promueve una valoración acorde con el expresionismo 227. Y es en este camino, donde emerge la afirmación del pintor y teórico ruso:
El artista depende de sus ojos y de sus manos, que en este caso son más artistas que su alma, que no persigue más que un objetivo fotográfico. El artista consciente, sin embargo, no se contenta con registrar el objeto material sino que intenta darle una expresión, lo que antiguamente se llamaba idealizar, más tarde estilizar y mañana se llamará de cualquier otra manera.( Kandinsky, 1989: 50)
David sigue dependiendo de sus ojos y de sus manos para hablar del tiempo,“ esa materia rara”. Tanto los materiales, como los términos de la composición varían frente a la imagen recordada, la misma que se resiste ante la palabra escrita. Su mundo empieza a depender“ si [ a las cosas ] les da por andar de toscas o se dignan a mostrarse”. Luego, no queda sino el silencio, la luz de los sonidos, del corazón y el ejercicio de“ Mirar el mundo con los ojos del espíritu”( González, 2012: 116, 129).
Los espacios y los paisajes como parte de esa la liquidez del mundo, finalmente van posándose en las palabras como puentes para reflexionar o imaginar 228, paisajes que mediante la poesía siguen buscando el espacio irrecuperable del lenguaje, a la frontera en donde“ forman esa forma que no tiene nombre, / pues es justo ahí donde se acaban las palabras”( 2012: 130).
La muerte como umbral
La profusión de imágenes elegidas por el autor para representar esa aflicción, concuerda con las sensaciones rememoradas en las otras novelas de Tomás González. Hay un adelgazamiento del cuerpo, una mirada estoica, un paisaje donde la belleza y el ciclo natural de la vida van matizando el tiempo para quien ve morir al otro. En ese sentido, se perfila la continuidad del tiempo para los vivos y una espera de la muerte propia como la“ luz perpetua”.
.. y mi figura ha ido espiritualizándose o evaporándose. Es decir, alejándose cada vez más de las cosas de este mundo e incursionando en la muerte, que no existe, y en el mundo infinito en el que en realidad estamos. Si todavía pudiera pintar, haría un autorretrato de gran formato en el que apareciera yo como una sombra sobre una trepadora muy sólida, eterna, como de metal o de piedra( 2012: 54)
La experiencia de rememoración de la imagen de quien falleció, gira sobre sí misma en una construcción narrativa.“ Todo lo dado, se transforma en lo creado”( Bajtín, 2003: 312) de ahí que la reflexión ante la vivencia de la muerte se convierte no en un reflejo de lo ocurrido, sino en la búsqueda de sentido en la realización estética.
227
No debe pasarse por encima la escena en la que conversa con el hombre ruso y el gesto de llamarlo por“ error” Kandinsky. Ver( 2012:106).
228
Gastón Bachelard, afirma que el tratamiento de los materiales tienen dos modos de acercamiento mediante la reflexión y la imaginación.( 2008: 160).