Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 323
“ que nunca se dejó domesticar”( 2012:19). Este hecho, destaca cómo al intentar atesorar fragmentos de la naturaleza estos escapan por la ventana; no responde a una necesidad de posesión sino que se entiende como un elemento cultural que enriquece la experiencia irrecuperable del escenario.
Ese vínculo entre la noción de espacio y experiencia, condensa la importancia de las huellas del espacio cerrado y que viene a repetirse en la casa de La Mesa.“ El ambiente interior de la casa lo hice con bifloras, helechos, heliconias, bromelias, begonias y también plantas trepadoras en algunas paredes donde les llega luz suficiente, así como pinturas y esculturas que me han regalado …”( 2012:38).
En este último espacio que acoge la voz del narrador, logra reunir los objetos del pasado integrándolos a la experiencia del presente, ya que recupera otras voces de“ origen campesino”, y con ellas la vivacidad del narrador oral representado en Ángela y su hijo José Luis, de quien destaca su“ talento para lo absurdo […] deja las imágenes sostenidas un rato en el aire, como una visión o un golpe de campana”( 2012: 125). En términos de Benjamin, el narrador que responde a esa verdad épica se desvirtúa en el género novela y, aunque en este contexto no se resuelve de ese modo, las voces de los relatos orales representados en la literatura, religan el gusto por compartir experiencias, superando la simple información. Es la capacidad de captar lo cotidiano que se da fluidamente en las novelas del escritor.
Si uno tomara lápiz y papel podría dibujar sus historias a medida que las va contando, Siempre son un poco absurdas, cómicas y casi nunca tiene necesidad de repetirlas, pues le llegan en abundancia, ya que mira mucho y sabe observar el mundo( 2012: 115)
Lugar, espacio y paisaje en el proceso creador
La obra estética, como artefacto de sentido, debe partir de la materialización de los enunciados. Hasta ahora la realidad espacio-temporal en la novela“ La luz difícil”, está enmarcada en la experiencia de la memoria ante vivencias dolorosas y no es ajena a esta segunda parte, en la que además de detectar esos enunciados, enfrenta la lectura de la puesta en forma 225.
Para esta aproximación se acude a referencias textuales, pictóricas y sonoras, sugiriendo un análisis“ interartístico”( Parkinson, 1995: 157), que contribuye a la reflexión propuesta: un enunciador alude a las imágenes de espacios, lugares y paisajes conforme al proceso de redescubrimiento de una mirada que se va complejizando.
El registro de las imágenes por parte del sujeto, es una elaboración del recuerdo. En este caso, la inquietud de David se encuentra precisamente en las imágenes percibidas con dificultad y la posibilidad de deslizarlas en el lienzo o escribirlas en el papel. Aclara entonces que“ La lucha no es tanto con el pincel sino con la mirada, con las puertas de la percepción”( González, 2012:95). No en vano, los epígrafes de la novela aluden a la búsqueda del mundo y su luminosidad, a la dificultad de ver y plasmar la infinitud del paisaje.
A esta altura es pertinente la claridad conceptual que hace J. W. Mitchell, entre lugar, espacio y paisaje como estructura conceptual triádica( Mitchell, 2003: X). Lo que anteriormente se denominó escenificación de los recuerdos, se encuentra conforme a la idea del cómo un lugar( place) se convierte en un espacio( practiced place) donde concurren significados y experiencias. Los lugares mencionados a lo largo de su desplazamiento( Envigado, Medellín, Miami, Nueva York, La mesa, Medellín, Bogotá …) pueden considerarse
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La puesta en forma se refiere a la lectura de dos tipos de estructura dentro de la obra artística propuesta desde Bajtín: Composicional y arquitectónica.( Bajtín, 2003)