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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 317
Numerosas degradaciones de la ideología y del ceremonial caballerescos que aparecen en el Don Quijote están inspiradas en la tradición del realismo grotesco”( Bajtin, 1994: 25).
De acuerdo con las palabras del teórico ruso, cuando las creencias, costumbres y formas de actuar de la cultura valorizada pasan por el ámbito de lo material, lo físico y además se inscriben dentro de este sistema de imágenes al que él hace referencia dentro de lo literario, lo popular va a tener un espacio en el ámbito de este arte. Ahora bien, el mismo autor va a afirmar páginas más adelante que“ El grotesco degenera, al perder sus lazos reales con la cultura popular de la plaza pública y al convertirse en una pura tradición literaria. Se produce una cierta formalización de las imágenes grotescas […], lo que permite a diferentes tendencias utilizarlas con fines diversos”( Bajtin, 1994: 37). Esto último va a ocasionar que lo que corresponde al terreno de lo profano sea representado en el campo de las letras, arrancándolo de su condición de no-valorado. No obstante, aunque pasa al ámbito de lo dominado por el arte y es dominado por este, lo popular lo modifica, pagando el costo que implica ese cambio: la exclusión de su propio campo.
Algunas de las formas en las que va a presentarse la degradación propia del realismo grotesco de la que habla Bajtin son las groserías, las imprecaciones y juramentos. El mismo teórico ruso afirma al respecto:
“ Estos elementos lingüísticos ejercieron una influencia organizadora directa sobre el lenguaje, el estilo y la construcción de las imágenes de esa literatura. Eran fórmulas dinámicas, que expresaban la verdad con franqueza y estaban profundamente emparentadas por su origen y sus funciones con las demás formas de‘ degradación’ y‘ reconciliación con la tierra’, pertenecientes al realismo grotesco renacentista”( Bajtin, 1994: 31).
Lo anterior lleva a pensar que una de las maneras en que va a evidenciarse lo popular en el terreno de lo literario renacentista va a ser en el uso de estos elementos lingüísticos propuestos por el autor citado. En este sentido, si estas formas de la lengua influyeron directamente sobre la literatura y las imágenes que esta maneja, quiere decir también que modificaron directamente el ámbito artístico que le corresponde a las letras. Las groserías, en tanto expresiones populares que incluyen también palabras vulgares para referenciar los objetos del mundo, van a ingresar a las obras, modificando la forma de escritura que tienen estas.
Volviendo al ejemplo de El Matadero y La fiesta del monstruo, se puede evidenciar que al narrar dichas historias, sus respectivos autores toman como objeto de sus cuentos lo que no se encuentra aún plasmado por la literatura de su tiempo y por ende, dentro de la alta cultura 221. Tanto en uno como en otro toman como objeto de sus narraciones lo que no se encuentra aún enunciado dentro del terreno de lo literario, lo cual hace que dicho espacio se renueve con su inclusión. En el caso del texto de Echeverría aparece la Argentina de la época en la que vivió su autor junto con las problemáticas políticas de aquel entonces, mientras que en el texto de Borges y Bioy Casares lo no oficial aparece con la inclusión de un personaje popular simpatizante del peronismo, representado a partir del lenguaje propio de las clases bajas que sus autores usan para la creación del relato.
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Joaquín Correa y Benjamín Matías Rodríguez, en su texto Narrando la violencia: algunos cruces entre la historia y la literatura argentinas, afirman que“ La fiesta del monstruo y El niño proletario [ de Osvaldo Lamborghini ] ya estaban escritos desde el siglo XIX”( Correa y Rodríguez: 2009). Los autores llegan a esta aseveración luego de analizar algunas de las obras de la literatura argentina del siglo XIX, entre las que se encuentran precisamente El matadero. No obstante, aunque ambos permiten tener un acercamiento a la cultura popular, lo logran de modo diverso: En el texto de Echeverría, la imagen de lo popular se enmarca dentro del sitio donde el ganado es sacrificado para obtener la carne junto con todo lo que en este espacio sucede, mientras que en la narración de Borges y Bioy Casares la imagen de lo popular tiene lugar a partir de la inclusión de uno de los seguidores de Perón.