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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 315
comercializando en masa por editoriales de prestigio internacional. A través de la manera particular de ver y plasmar el mundo y lo que en él se encuentra por parte de sus escritores se va a configurar lo popular en el ámbito de las letras. Son ellos los que le van a otorgar desde su posición política y social una voz y unas palabras al pueblo, así como un sitio para este dentro de la sociedad a partir de la imagen que se presente en el relato.
Lo profano como fuente para la creación literaria
Si bien lo popular es configurado por lo literario a través de un canon que se imparte en los centros de enseñanza, con textos que poseen elementos previamente organizados por autores de la alta cultura para producir sensaciones y efectos particulares en los lectores, también lo profano ayuda a nutrir las obras artísticas para que se produzcan formas novedosas. Una vez la literatura, en tanto arte de la alta cultura, es promovida en la sociedad, pierde de alguna forma la cualidad que la define 216. En este sentido,“ toda obra de arte innovadora se presenta, no sólo como sacrificio redentor, sino también como intercambio beneficioso, en el que las cosas profanas reciben un valor en la cultura y se convierten en moda, o incluso en norma, y otras cosas son profanadas, dejan de estar de moda o se definen como Kitsch – hasta la siguiente innovación –”( Groys, 1989: 181). Lo que se encuentra excluido de los territorios que abarca la alta cultura le ayuda a esta última a que mueva continuamente los valores que posee, garantizando con este procedimiento su propia existencia. Así, si se piensa en las instituciones editoriales y educativas como las entidades que se encargan de promover y resguardar la alta literatura, es en ellas en donde se estaría aceptando lo que le pertenece a lo profano. 217
Si lo profano entra entonces al ámbito privilegiado de la cultura letrada para renovarla, es necesario observar el papel que los personajes populares juegan al ingresar a ella, pues si bien son aquellos los que harán que quienes se encuentran excluidos de la alta cultura se vean de alguna forma representados también van a ser quienes permitirán en gran medida la innovación de lo artístico. Quizá, una buena forma de ilustrar lo anterior, sea trasladándolo a una figura enmarcada dentro de otro producto cultural como lo es el cine 218. En su texto Escenas de pudor y liviandad, Carlos Monsiváis habla de cómo uno de los personajes marginales pasa a la pantalla grande, ingresando al terreno privilegiado del arte:
“¿ Qué es el pelado? El despojado de todo, el ser apresado en la falta de vestimenta del cargador, el heredero y compañero del lépero, aquel que sobrellevó la lepra de la pobreza y de la falta de atención social [….] Del pelado, dan cuenta el teatro, el comic, el cine y, de vez en cuando, las parodias o sermones compasivos de novelistas que atisban al populacho. Es un marginado de la distribución del ingreso y por tanto recibe el nombre genérico que lo sustrae de cualquier realidad y lo sepulta en la abstracción. El pelado es la sombra acechante de la
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Sobre esto, Boris Groys afirma:“ Todo lo que resulta valorizado culturalmente puede, en consecuencia, comercializarse, pero todo lo que se comercializa se devalúa culturalmente”( 1989: 160).
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En este sentido, Groys afirma que“[…] la innovación se consuma, principalmente, en la forma cultural- económica del intercambio. El intercambio es el trueque o el cambio o el canje que tiene lugar entre el espacio profano y la memoria culturalmente valorizada, que consiste en la suma de los valores culturales que se conservan en los museos, bibliotecas y en el resto de los archivos, así como en las peculiaridades, rituales y tradiciones de la relación con esos archivos”( 1989: 159) La literatura entraría en los valores culturales, pues se conserva a manera de archivo en los libros que se enseñan en los diferentes espacios educativos.
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En su texto De las relaciones literarias entre‘ alta cultura’ y‘ cultura popular’, Carlos Monsiváis afirma que“ Las manifestaciones de la industria cultural, pensadas desde las clases medias para los sectores populares, aún no hallan cabida en la literatura latinoamericana de los años 50. El fenómeno cultural, en su sentido amplio – antropológico – de efectos más profundos en la vida de América Latina de los años veintes a los años cincuentas, es el cine […]”( 1985: 51).