Jul 25 2013 (Jul. 2013) | Page 323

Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 314
que se mueven los seres humanos. De este modo, las obras que se presentan al interior del aula y la forma de darlas a conocer a los estudiantes juegan un papel importante en los objetivos que desea alcanzar el sector que posee el poder dentro de una sociedad, en tanto son instrumentos y maneras de formar a los hombres para que piensen y desarrollen determinados roles en el mundo 212. Igualmente, al aparato escolar y a la literatura que en él se maneja se suma también la industria de la cultura, en tanto esta última,“ destinada a una masa de consumidores genérica, en gran parte extraña a la complejidad de la vida cultural especializada, se ve obligada a vender‘ efectos ya confeccionados’, a prescribir con el producto las condiciones de utilización, con el mensaje las relaciones que éste debe provocar”( Eco, 1990: 90). Dichos efectos, enmarcados dentro de lo Kitsch 213, contribuyen a que sus lectores en común sientan, piensen y actúen de una forma particular, duplicando, consolidando y reforzando así su mentalidad en función de ciertos intereses particulares.
Ahora bien, además de configurar a los integrantes del pueblo mediante los textos que son trabajados en el aparato escolar y los efectos prefabricados que les son ofrecidos a través de las obras que leen, vale la pena mencionar que el canon literario posee dentro de los mismos libros una imagen de lo popular que no es construida por quienes se encuentran en los sectores marginados o excluidos por la cultura oficial, sino por quienes pertenecen a la alta cultura y plasman, desde su perspectiva, la cultura profana. Carlo Ginzburg, en El queso y los gusanos, al comentar el trabajo iniciado por Bajtin sobre lo popular, afirma que quizá el alcance del estudio realizado por el teórico ruso esté en que“ los protagonistas de la cultura popular – campesinos, artesanos – que él trata de describir, hablan casi exclusivamente por boca de Rabelais”( 1994: 13). En este orden de ideas, la cultura popular se hace presente en los libros y en los documentos de estudio a través de lo que un autor letrado ha querido incluir en sus producciones 214. Lo popular, entonces, va a ser representado según el estilo que tenga quien compone el texto en el que se incluye, entendido el estilo como“ una manera absoluta de ver las cosas” 215,( Rancière, 2009: 138) que se encuentra totalmente en la‘ concepción del tema’,“ en ese‘ hilo’ que tiene que unir las‘ perlas’ del collar, o los fragmentos de la guirnalda-schlegeliana”( Rancière, 2009:151).
A manera de ejemplo de lo que ha sido dicho hasta el momento, tal vez valga la pena mencionar el caso de dos obras de la literatura argentina: El matadero, de Esteban Echeverría y La fiesta del monstruo, de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Tanto el uno como en el otro se enseñan como parte del canon literario en los centros educativos y sus autores se incluyen dentro de la alta cultura, desde la cual plasman lo popular según su propia perspectiva. Incluso hoy en día, pese a los años que han transcurrido desde su respectivo momento de publicación, ambos textos( junto con las demás obras de los autores) se siguen
212
Recuérdese que en Ideología y aparatos ideológicos del Estado, Althusser incluye a la escuela como uno de los aparatos ideológicos, los cuales llegan por igual al mismo objetivo:“ la reproducción de las relaciones de producción, es decir, las relaciones capitalistas de explotación”( 1984: 42). El filósofo francés va a otorgarle gran importancia a la escuela como aparato ideológico, en tanto es la que les inculca a los individuos“ la ideología dominante en estado puro”( 1984: 43). Igualmente, en Rutas de la interpretación y citando a John Guillory, Wolfgang Iser afirma:“ las obras literarias deben verse más bien como el vector de nociones ideológicas que no inciden en las obras en sí, sino en el contexto de su presentación institucional, o, más llano, en la forma en que se enseñan”( 2005: 91)
213
Sobre la relación entre Kitsch y cultura de masas, Eco afirma:“ Si se admite que una definición del Kitsch podría ser comunicación que tiende a la provocación del efecto, se comprenderá que, espontáneamente, se haya identificado el Kitsch con la cultura de masas”( 1990: 90)
214
Sin embargo, el propio Ginzburg afirma unas líneas más adelante:“ Hay que admitir que cuando se habla de filtros e intermediarios deformantes tampoco hay que exagerar. El hecho de que una fuente no sea‘ objetiva’ […] no significa que sea inutilizable. Una crónica hostil puede aportarnos valiosos testimonios sobre comportamientos de una comunidad rural en rebeldía”( 1994: 14)
215
La cita que aquí se inscribe es propia del autor referenciado, quien la toma como sustento de su escrito de la carta de Flaubert a Louise Colet del 16 de diciembre de 1852.