Jul 25 2013 (Jul. 2013) | Página 317

Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 308
El trabajo en esta novela cobra otro viraje, en ella se narran algunos meses de la niñez de los personajes a partir del terremoto de 1985 en Santiago, época en que la dictadura suprimía y reprimía aunque algunos la vivieron de soslayo; el giro sin embargo, a diferencia de las otras novelas, puede ser dado en el segundo apartado: La literatura de los padres, donde la historia principal sale a luz, revelando el apartado anterior como ficción, es la historia de los personajes secundarios, es el resto al que se refería el mismo autor en Bonsái, la literatura como resto, como lo indica Derrida, la imposibilidad de legibilidad que se resiste a cerrar sentido y que por el contrario lo abre:
Avanzo de a poco en la novela. Me paso el tiempo pensando en Claudia como si existiera, como si hubiera existido. Al comienzo dudaba incluso de su nombre(…) No me cansa el sonido, tampoco. Claudia. Me gusta mucho que mis personajes no tengan apellidos. Es un alivio( 2011, 53).
Así, la identidad de los personajes de la historia principal se presentan como presencias y sonidos, Eme es la mujer y él es un hombre sin nombre; la escritura muestra no sólo la relación realidad / ficción, alberga a su vez la posibilidad de ver en ese paso literario el encuentro de las voces de aquellos herederos de tiempo que perciben las huellas de la dictadura y el silencio del miedo. Comienzo y fin en la novela están unidos por la muerte y por desastres naturales, dos terremotos hacen pensar en la escritura como la unión de historias y el lazo social del que surgen, como lo plantea Barthes( 2006) la escritura es una función: es la relación entre la creación y la sociedad […] Para el escritor […] Su elección es una elección de conciencia, no de eficacia. Su escritura es un modo de pensar la literatura( 2006, 22 y 23) en esta última novela, el narrador protagonista se detiene ante el desastre a pensar en el hecho de la escritura, el recuerdo, la historia, cuestionando la evaporación de ésta con el paso de los días y la repercusión que cada quien tiene en ella, aun en su inacción.
II
Mientras las palabras son descifradas alguien las cifra, el encuentro de estos dos mundos habla de la obra auto-reflexiva, compuesta de una serie de planos que superpuestos se encuentran en una duplicación interna( mise en abyme), entendida por Dällenbach como:“ any internal mirror that reflects the whole of the narrative by simple, repeated or‘ specious’( or paradoxical) duplication”( tomando de Sobejano, 2003), la obra de Zambra se transporta de esta forma por reflejos internos que se duplican en la construcción de la escritura, la unión del personaje escritor con el narrador hablan de dos voces conjugadas en una acción auto-reflexiva que provoca en ésta una vinculación con la memoria.
Situar el primer plano de la historia en una pareja que concibe el libro como objeto de colección y entiende su vida a partir de éste, configura la estructura de Bonsái como muñecas rusas que se contienen y traspasan los umbrales de lectura. Tantalia, es el nombre que recibe uno de los capítulos del libro, la lectura de Macedonio por parte de los personajes hace que la historia se duplique en la narración, envuelta a su vez en la ficción que el narrador ha escrito como amanuense de un autor. En un juego de espejos que se refractan de manera interna, el relato entra en acción y se modifica a sí mismo, una reflexión que permite pensar el accionar de las palabras como posibilidad de desbordar lo establecido, de modificarlo.
Al ser la lectura una de las acciones principales para que ocurra la duplicación interna, se configura en la obra de Zambra como protección, en una entrevista a página 12, indica que la década del ochenta estuvo resguardada para algunos por la literatura, fue una especie de armadura; en Bonsái se presenta un trazo remarcado en su obra, la literatura no sólo es la fuente de su producción, el marco lector de sus personajes les permite estar alejados del