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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 309
mundo silencioso y del miedo que circula a su alrededor; sin embargo en esta suerte de burbuja, su trabajo rompe la trampa de la ficción y el encierro se devela para despertar al lector de la ficción a partir de ella misma.
En formas de volver a casa( 2011), lectura y escritura siguen siendo acciones que conducen el relato, aunque el punto de focalización sea la niñez y se produzca una variante de sus personajes, su narrador- personaje autor novela escrita( ficción dentro de la ficción) y su narrador-personaje- autor escribiendo( ficción) se yuxtaponen entre capítulos intercalados que develan la ficción a través de la memoria escrita. La pincelada de los libros-recuerdos como objetos de colección, concentran detalles, como la escena en que el protagonista siendo niño en el camino de la escuela a la casa, carga el peso de los libros, mientras la calle lo recibe con una situación violenta:“ el centro de Santiago nos recibía con bombas lacrimógenas, pero no llevábamos piedras sino ladrillos de Baldor o de Ville o de Flaubert( 2011, 58).
La forma en que los detalles se insertan en la trama provocan espacios en los que la libertad, la tranquilidad del niño, se ve superpuesta por la angustia de los adultos, una situación que aun cuando está cubierta habla del relato del Estado que está inmerso en los espacios como atmósfera y no como personaje, mientras el niño los pasa desapercibido como los libros que recrean espacios alternos y contrarios al dominante.
Aunque el tiempo histórico marca el compás en la narración, el niño protagonista de los dos narradores vive el cambio en Chile hacia la democracia, para él, es la escuela, es el lugar en el que se devela el poder del régimen, lo que para el protagonista no sucedía empieza a hacerse visible: conocer a mis compañeros: hijos de gente asesinada, torturada, desaparecida.( 2011, 68), al igual que a sus profesores cercados por el miedo, contrario a su mirada alejada del conflicto, situación que lo hacen sentirse culpable y silenciado.
La escena anterior, es un disparador en la escritura del narrador / autor que se detiene a pensar varias imágenes de su niñez, se piensa cada vez más ajeno y culpable frente al conflicto de su país, su familia no sufrió la tortura ni la masacre y el silencio que sostuvo los hace cómplice y culpable. En este apartado se visualiza un punto de acción en la narrativa de Zambra, el no hacer, el silencio, la quietud de los personajes, expuesto en sus primeros dos libros, es el que lleva al escritor a marcar, la escritura atraviesa la ficción, como la experiencia de lectura que cambia la significación del mundo.
A través de estos elementos se percibe algo más que un artefacto metafictivo, en la producción de Alejandro Zambra hay puntos que se interceptan, se unen y construyen formas cambiantes, algunas pinceladas se difuminan a lo largo de su trabajo como narrador y ensayista, con vertientes desde las cuales podría pensarse lo metaficcional en Zambra como la manera en la que se alimenta la escritura de su herramienta, la forma en que las intencionalidades tejen pensamiento, en el que la narración está impregnada no sólo del estilo del escritor, sino de la concepción del mundo que tiene, donde la escritura puede modificar las formas de ser y estar en el mundo.
Tener la posibilidad de movilizar un personaje y de mostrarlo como tal, transforma la máscara de la representación desde su mismo artificio, develando una“ verdad”, construyendo memoria y responsabilizando a su“ personajes”( personas, escritores) de las formas de estar. La construcción del pensamiento en las letras se unen en esta obra, para relatar la experiencia de quien se detiene a contemplar, a pensar desde su“ quietud” el movimiento del mundo, donde la escritura es el único espacio posible para ello, y la incertidumbre mantiene la construcción de una obra donde la palabra es ya es un elemento vivo de un proyecto que aun continúa.