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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 20
anteriores, pero con el tiempo cayeron en el abismo del particularismo.(…) Las particularidades de cada nación nos demostraron las insuficiencias de las grandes generalizaciones. Pero de forma pendular, los estudios pormenorizados nos volvieron a poner sobre la mesa las regularidades y las constantes de la historia continental”( Ansaldi, Caetano y Curzio, 2003:11-12).
No faltaron quienes no renunciaron a defender la existencia de América Latina o, al menos, su nombre, pero sus estudios se ciñeron a unos pocos países( a menudo tratados como capítulos separados), reduccionismo que no dejaba de tener un argumento no desdeñable( pero falaz): pocos países, seis a lo sumo( Argentina, Brasil, Colombia, México, Perú, Venezuela) tienen en conjunto las mayores superficie, población y economía, conjunto frente al cual el resto de los catorce países( quince, si se incluye a Puerto Rico) representan valores muy menores. En algún caso, puede verse la inclusión de Cuba, por razones que tienen que ver con la importancia política de la isla a partir de la Revolución.
En contraste, donde algunos, al terminar el siglo XX, no veían ninguna, o tan solo una( reducida), el francés Guy Martinière, de la Univérsité de Grenoble, había encontrado, a fines de los años 1970, un plural al escribir una historia económica de las Américas latinas. Ninguna, una o muchas, vaya intríngulis, si no galimatías.
Por mi parte, comparto con el venezolano Germán Carrera Damas( 1999) lo que me decía en una entrevista varios años atrás:“ la perspectiva de una totalidad latinoamericana hecha de unidad y diversidad, pero en la cual la unidad no debe ser un a priori ni la diversidad una causa de desconcierto”. Me cuento entre quienes nos reivindicamos como latinoamericanistas( estudiosos que toman a América Latina como objeto de investigación) y como latinoamericanos( América Latina como“ comunidad imaginada”, ámbito de pertenencia y territorio de hombres y mujeres en lucha contra esa violencia y ese dolor“ desmesurados de nuestra historia” y que no son más que el triste“ resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento”, para repetir las palabras de Gabriel García Márquez). También, como escribimos con Verónica Giordano:“ Defendemos la necesidad de contar con grandes síntesis explicativas, asumiendo todos los riesgos que, sin duda, tienen las generalizaciones. Asumimos, también, que para hacer esas grandes síntesis se necesitan estudios particulares, pero estudios particulares-sean de‘ historia local’,‘ historia regional’,‘ historia popular’,‘ historia de género’, entre tantas de la fragmentación disciplinaria- que no sean concebidos aislados del contexto en el cual se han producido o se producen los acontecimientos o procesos investigados(…) No ignoramos las dificultades de una opción de esta índole, pero ratificamos, y nos afirmamos en, la postura de hacernos cargo de la doble tensión, ineludible, entre teoría-una abstracción- y evidencia histórica-verificación empírica mediante-, entre la generalización a escala regional( necesidad de la teoría) y la atención a la riqueza y los matices de las situaciones particulares, sean nacionales o subregionales.
“ Dicho explícitamente: defendemos la posición de pensar, comprender y explicar América Latina como una totalidad. Pero totalidad no es igual a homogeneidad ni a generalización abusiva. Creemos, como dijo o escribió alguna vez Sergio Bagú, que América Latina es una realidad compuesta de muchas diversidades. Esas diversidades, añadimos, deben ser, justamente, explicadas como partes de la totalidad que las engloba”( Ansaldi y Giordano, op. Cit., 24-25).
Sintéticamente dicho, entonces: América Latina existe al mismo tiempo como vocación, como proyecto, como realidad, como objeto de conocimiento. Por tanto, es pasible de ser aprehendida. Ahora bien: ¿ con qué conceptos y desde dónde aprehender América Latina?