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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 19
más tarde) las potencias extranjeras y el sentir y actuar de nuestros pueblos( y a veces de sus gobiernos) como una unidad política antiimperialista. Luís Alberto Sánchez se refería, con esto último, al gran movimiento latinoamericano de solidaridad con la guerrilla nicaragüense de César Augusto Sandino en su lucha contra la ocupación norteamericana entre 1926 y 1933-1934. Pero también podrían traerse a colación, más recientemente, procesos actualmente en curso.
La lúcida idea de Sánchez de poner América Latina una en el futuro y no en el pasado, fue retomada, dos décadas después, por el brasileño Darcy Ribeiro, quien sostenía que América Latina no era una entidad socio-cultural diferenciada y congruente, sino una vocación, una promesa. A su parecer, la región definía su identidad del hecho de ser el producto de un proceso común de formación en curso, que eventualmente podría conducir en el futuro“ a un congraciamiento de las naciones latinoamericanas en una entidad sociopolítica integrada”. En este punto, Sánchez y Ribeiro se diferenciaban de posiciones como, por ejemplo, las del argentino Manuel Ugarte, quien a comienzos del siglo XX bregaba por la unidad latinoamericana apelando a tres componentes que concebía como más favorables que contrarios a la unidad latinoamericana: el peso del pasado común, la identidad de la gesta independentista y la“ latinidad”. Dos componentes pretéritos y uno discutible. Pero esta acotación no invalida la postura de Ugarte, sólo la remite a sumarla al coeficiente histórico de la unidad latinoamericana.
Poner el énfasis en el futuro – es decir, en el proyecto, en la vocación- no significaba ni para el peruano ni para el brasileño, desdeñar la historia. No sólo porque la condición de historiador del primero y de antropólogo del segundo les impelía a tenerla en cuenta, sino porque ambos asumieron responsabilidades políticas( más fuertemente en el caso de Sánchez). América Latina era percibida por ambos como no integrada aún, pero como integrable. Pensar en el futuro tampoco significaba para uno y otros( y sigue significando aún) escapar del presente. En rigor, como ha escrito el nicaragüense Carlos Tünnermann Bernheim( 2007)“ sólo apoyándonos en nuestro pasado, sin negarlo sea cual fuere, es que podremos construir nuestro futuro con los materiales del presente. Construirlo día a día, no simplemente esperarlo. Negar el pasado es como negarnos a nosotros mismos. Sin él dejamos de ser lo que realmente somos, sin llegar a ser tampoco algo distinto”.
Los impugnadores( cuando no los detractores) de la existencia de América Latina de fines del siglo XX apelaban a“ razones” variadas para su posición. Para algunos, como acotamos con Verónica Giordano,“ no puede hablarse de América Latina como una unidad por la diversidad y la heterogeneidad de los países que la componen, enfatizando la incidencia de las diferencias económicas, sociales, políticas, étnicas, culturales. Así, la heterogeneidad estructural de la región fue esgrimida como paradigma emblemático de la dificultad, si no imposibilidad, de considerar a América Latina como una totalidad, como una unidad de análisis válida.
“ Otra línea de impugnación, en cambio, apuntaba, aún admitiendo la existencia de América Latina, a la imposibilidad de aprehenderla en su totalidad, tanto por la vastedad y complejidad del objeto cuanto por la imposibilidad de aprehender toda la vastísima bibliografía existente, incluso limitándose sólo a la reciente, cuyo volumen de producción, ha sido( y es), por cierto, exponencial. No consiste sólo en libros y artículos de revistas: se suman tesis, monografías y ponencias inéditas. Por añadidura, todo esto fue y es acompañado por el incremento de fuentes, archivos y repositorios”( Ansaldi y Giordano, 2012:23).
Los argumentos negativos se reforzaban“ con la publicación de una miríada de estudios cada vez más especializados y circunscritos a una temática y una región específicas.(…) Las monografías especializadas fueron una reacción a las síntesis generalizadoras de las décadas