América Latina, una liebre muy esquiva
Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 18
América Latina, una liebre muy esquiva
Waldo Ansaldi Universidad de Buenos Aires
Director de la revista e-l @ tina. Revista electrónica de estudios latinoamericanos 3
¿ Una, muchas o ninguna?
Las entusiastas animadoras del GESCAL me han pedido que escriba, a manera de prólogo de este libro, un breve texto sobre“ líneas para estudiar e investigar América Latina”. He aceptado complacido la invitación: por latinoamericano y latinoamericanista y porque soy un entusiasta de este hermoso proyecto impulsado por muchachas y muchachos estudiantes de Colombia en Universidades argentinas, proyecto que conozco, comparto y apoyo desde su gestación en Córdoba. Dicho sea al pasar, tal vez no sea casual que esta apuesta haya comenzado en la misma Universidad en la cual se gestó la Reforma Universitaria, expresión pionera de latinoamericanismo estudiantil.
“ Líneas para estudiar e investigar América Latina” es una expresión que expresa más problemas y dificultades que otra cosa. Porque al igual que lo social, para usar la metáfora de Fernand Braudel, América Latina es una liebre muy esquiva. Lo es desde el nombre mismo y, aunque pueda parecer paradójico, desde su propia existencia.
Dejo de lado, aquí, la cuestión del nombre( o los nombres). Me detengo un momento en otra, más crucial: la del ser. En efecto, en las décadas finales del siglo XX no faltaron los impugnadores de la existencia de América Latina y, por extensión, la de la posibilidad de su conocimiento. Como interrogante no era una novedad. De hecho, ya en 1945 el peruano Luís Alberto Sánchez utilizó la pregunta ¿ Existe América Latina? para titular un libro demostrativo de la respuesta afirmativa, pese a las profundas diferencias entre los países del colectivo así denominado, diferencias que Sánchez – autor, además, de una Historia General de América, en tres tomos, y de una Historia comparada de literaturas americanas, entre otros textos- no negaba, sino que, por el contrario, reconocía explícitamente. El suyo era, como dice el subtítulo, una Historia espectral de nuestra región que perseguía objetivos políticos y culturales desde una concepción dinámica de Latinoamérica para la cual, en contra de lo usual, prestaba más atención al futuro que al pasado. Casi setenta años después, es claro que muchas posiciones del autor se han tornado obsoletas, pero hay algo en el libro que sigue teniendo vigencia: las profundas discrepancias entre los distintos países no sólo no significan obstáculos para la unidad, sino que deben ser tomadas como contribuciones a fortalecerla, a despecho, incluso, de los intereses extranjeros en pugna por establecer su propia supremacía. Para Sánchez, nuestra región se construyó en la tensión entre dos fuerzas opuestas: la reivindicación agresiva de su unidad, de un lado, la indiscutible heterogeneidad de su realidad. Así, sostenía, el término América Latina se construyó( y construye, agrego) en la dialéctica( todavía hoy no resuelta, acoto) entre su control por( o su dependencia de, se diría
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