Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 276
• Su empleo como procedimiento de criminalización se caracteriza por el uso sistemático de ataques infundados y carentes de justificación que son desplegados sin que medie algún tipo de pertinencia en razón de los temas tratados, por lo que difícilmente soportará una evaluación ética y argumentativa, del mismo modo que deberá condenarse en términos políticos pues constituye una forma de incitación al ejercicio de la violencia física;
• Frente a ello, su uso como forma protesta nos revela que el empleo Ad Hominem no solo puede llegar a justificarse ética y argumentativamente, contribuyendo a la aclaración de posiciones implícitas y a la denuncia de aquellas conductas que obstruyan el adecuado desarrollo de la deliberación, sino que puede constituir una valiosa herramienta crítica y emancipatoria, a través de la cual los sectores subordinados pueden desenmascarar las prácticas opresivas al tiempo que construyen sus propias identidades.
En suma, puede decirse que el Ad Hominem puede ser empleado de maneras tanto negativas como positivas, exigiendo una mirada integral de parte del analista, y, sobretodo, el establecimiento de normas éticas y políticas que hagan posible escenificar los conflictos que atraviesan la esfera pública y con ello resguardar los límites que separan el abuso verbal de la incitación a el ejercicio físico de la violencia.
Lo anterior no solo nos obliga a considerar la enorme necesidad de analizar la polémica, sino también la de reivindicar su papel en la construcción de sociedades participativas, plurales y abiertas. Regulada por normas éticas y políticas, la polémica no solo demanda formas de cooperación entre los participantes en el intercambio de argumentos sino que involucra activamente al auditorio, permitiendo demarcar y visibilizar las distintas orientaciones ideológicas que atraviesan una sociedad, viabilizar las contradicciones entre estas, dinamizar el funcionamiento de la democracia y, en último término, constituir una modalidad de coexistencia aún si el disenso es profundo e irreconciliable( Vd. Amossy, 2010b). Lejos del unanimismo que suelen reivindicar los regímenes autoritarios, la polémica tiene la potencialidad de brindar un marco para que tenga lugar el disenso, permitiendo que se exprese el componente pasional e incluso violento de la vida política a través de medios que no amenacen la pluralidad y la convivencia pacifica.
Pero esta mirada sobre los distintos usos del argumento Ad Hominem en el debate que sostuvieran Uribe y Coronell también nos ha permitido identificar algunos detalles relevantes a la hora de considerar la polémica que en aquel entonces atravesaba la esfera pública colombiana, y, más ampliamente, llamar la atención sobre varios aspectos constitutivos de los conflictos y discursividades que aún recorren dicha sociedad:
• En el curso del presente trabajo hemos advertido cómo Álvaro Uribe Vélez obstruyó deliberadamente el esclarecimiento de varios temas de vital importancia dentro de la actual coyuntura política colombiana. En otro artículo también hemos identificado el mismo fenómeno e incluso hemos propuesto un catálogo más pormenorizado del universo de técnicas a través del cual este suele silenciar la crítica y bloquear los pedidos de aclaración( Abud Hoyos, 2012). Actualmente se adelantan un total de 264 procesos judiciales contra el hoy ex-mandatario, algunos de los cuales-como el caso de los llamados « falsos positivos » o el de las desapariciones forzadas perpetradas por paramilitares en el departamento de Antioquia- involucran crímenes de lesa humanidad. Esperamos que este breve ejercicio contribuya, aunque sea mínimamente, a facilitar el necesario esclarecimiento de la verdad.
• Aquel procedimiento de criminalización que hemos detallado a lo largo del corpus