Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 277
analizado no solo debe ponerse en relación con el conjunto de políticas adelantadas en Colombia a partir del año 2002 en lo referente al papel de los medios de comunicación 196, sino que puede comprenderse como parte de un discurso más amplio, en virtud del cual se ha venido prefigurando una nueva imagen del « sujeto peligroso » y del que han sido víctimas, no solo numerosos periodistas, sino también varios académicos, los miembros de los tribunales de justicia, las organizaciones defensoras de Derechos Humanos y la oposición democrática en el país. Se trata de un discurso que tiene evidentes puntos de contacto con la ya conocida " doctrina de seguridad nacional " y su consecuente prefiguración de un enemigo interno; sin embargo, debe subrayarse que en este caso el objeto de criminalización no es una corriente u agrupación política concreta( como lo fue, en otra época, el comunismo) sino más bien una actitud, una determinada disposición de la consciencia frente a los temas de interés público, es decir, el pensamiento crítico. Los vínculos intertextuales e interdiscursivos señalados a lo largo del presente trabajo conducen a pensar que la emergencia y consolidación de dicha discursividad no se comprende sino en conexión con la implementación en Colombia de la llamada " lucha contra el terrorismo ".
• Varios de los elementos observados a lo largo del trabajo también pueden contribuir en vistas de una eventual caracterización del discurso de Uribe Vélez, e incluso brindarnos indicios esclarecedores a la hora de estudiar los rasgos que asume contemporáneamente el discurso autoritario en América Latina. En ese sentido, consideramos que algunos fenómenos resultan merecedores de futuros análisis: el modo como éste cuestiona el status institucional y la posición social del periodista sin dirigir ataques más abarcadores contra los medios de comunicación; aquel establecimiento de relaciones de identidad entre el gobierno y el Estado y entre este y el país; los rasgos que atribuye a aquel « sujeto peligroso » hasta presentarlo como un enemigo del orden establecido; sus distintas formas de manipular la fuerza ilocutoria que deriva de la autoridad; y el modo como conjuga distintas escenografías para respaldar su palabra y modelar su propio ethos.
• Finalmente, nuestra indagación también ha permitido visibilizar aquel discurso que se revela contra las prácticas autoritarias y, sobretodo, llamar la atención sobre una de sus principales formas de expresión: la protesta. Hasta hoy, este tema no ha sido suficientemente tratado en el campo de los estudios políticos en Colombia y quizá valga la pena, no solo preguntarnos por sus características y modalidades discursivas, sino también reivindicar su función política, su papel en la construcción de identidades y la necesidad de establecer marcos que garanticen su existencia. Luego de este debate, Coronell y la revista Semana demostraron que la policía secreta colombiana( el llamado Departamento Administrativo de Seguridad o DAS, dependiente de la Presidencia de la República) había ejercido una violenta persecución contra los detractores del gobierno, el proyecto de reforma constitucional que habría habilitado a Álvaro Uribe para aspirar a un tercer período presidencial fue declarado irregular por la Corte Constitucional y a la fecha han sido encarcelados, entre otros, dos de los tres directores del DAS nombrados por Uribe. El tercero se encuentra prófugo. Daniel Coronell abandonó finalmente el país, aunque su columna de opinión sigue apareciendo puntualmente todos los fines de semana. A él, y a los demás sujetos críticos que han puesto en peligro su vida al elevar sus protestas, quisiera rendir un sincero homenaje.
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Considérese, por ejemplo, las directrices emitidas por el gobierno colombiano entre 2002 y 2003 en relación con el « adecuado » cubrimiento del conflicto armado por parte de los medios de comunicación.