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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 274
A través de este conjunto de prácticas y recursos discursivos Coronell no solo busca el esclarecimiento de un conjunto de temas, sino también la construcción de un disenso que convierta el acontecimiento en noticia, administrando el ritmo y el tono de la interacción para abrir, sostener y / o cerrar los episodios polémicos, despertando y manteniendo el interés de la audiencia. Al mismo tiempo, la conjunción de dicha escenografía con el uso de estos recursos le permite tomar posición sin devenir un opositor político del gobierno-lugar al que Uribe intentó llevarlo durante toda la interacción- y en cambio tomar la palabra a nombre del « periodismo ». Y es aquí donde se revela el papel central del Ad Hominem en el discurso de Coronell: es a través de este que el periodista encarna su dimensión crítica, no solo al develar ante la opinión pública aquellos aspectos problemáticos del discurso de Uribe que difícilmente podrían ponerse de manifiesto en los ámbitos institucionales del Estado 195, sino al protestar contra ellos, revelándose contra una situación de coacción que no solo lo afecta a él como individuo sino que atañe en general a todo el periodismo. Más aún, es a través del Ad Hominem que Coronell identifica en Uribe todo aquello que autoriza al periodista a que manifieste su opinión y tome el lugar de un sujeto activo en el contexto de una democracia, esto es, el abuso del poder, de manera que al atacar a Uribe Coronell no solo mantiene su ethos como periodista sino que modela su propia imagen, más específicamente, como la de un periodista crítico. De hecho-como se ilustra en el Fragmento 18- a lo largo de la interacción Coronell no solo logra consolidar aquella imagen sino que asume como un portavoz del periodismo crítico, recreando-y en buena medida convocando- el sentimiento de indignación que este experimentaba.
3. Consideraciones finales
Llegado este punto del trabajo, conviene recapitular nuestras principales observaciones y proponer algunas futuras líneas de análisis.
En primer lugar, hemos logrado comprobar que, como ha planteado Amossy( 1999), el Ad Hominem puede cumplir funciones diversas en el seno del intercambio polémico. Así, hemos llamado la atención sobre tres distintos usos del ataque personal en el debate Uribe-Coronell: en el primer caso, su empleo como una estratagema de carácter evasivo, a través de la cual un determinado actor puede blindar deliberadamente un punto de vista contra la crítica, cambiar su rol en la interacción, cambiar de tema y « triunfar » a los ojos de la audiencia; en el segundo, su empleo como parte de un procedimiento dirigido a criminalizar al otro frente a la audiencia; y, finalmente, el uso del ataque personal como una forma de protesta. Con ello, hemos advertido que el argumento Ad Hominem trasciende ampliamente las operaciones a nivel del logos, exigiendo una mirada que dé cuenta de su complejidad y que evalúe contextualmente su validez, pertinencia y justificabilidad, no solo en términos argumentativos, sino también retóricos, éticos y políticos.
Confirmándose las observaciones de Brinton( Cit.), el Ad Hominem se nos ha revelado principalmente como un argumento ethoíco, sirviendo para impugnar e incluso modelar la
figura del periodista, uno de cuyos ejemplos prototípicos fue encarnado por David Frost en su famosa entrevista a Richard Nixon en 1977, en el curso de la cual este último terminó revelando varios aspectos problemáticos de su gestión y algunos detalles de su participación en los hechos que desencadenaron el llamado « escándalo de Watergate », todo lo cual terminó suscitando su renuncia a la presidencia de los Estados Unidos.
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Téngase en cuenta que ámbitos institucionales como el parlamento no solo están sujetos a una escenificación discursiva estrictamente pautada, sino que en estos la resolución de las diferencias de opinión suele estar determinada de antemano por las previas negociaciones entre grupos y, en último término, está sujeta a la cantidad de votos con que cuenta cada uno de estos. Al respecto Véase Marafioti( 2007).