Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 269
estafao [ estafado ]") que suelen ser expresados mediante gritos o subiendo la intensidad de la voz("< y oiga la perlita que me dijo > [=! gritando ]"), a través de los cuales los ataques dirigidos contra Coronell adquieren la carga de una subjetividad afectiva, interpretativa y axiológica que frente a la audiencia actúa también como un elemento de cohesión y como un símbolo de pertenencia al grupo.
Lo que está en juego detrás de todos estos elementos es el proceso por el que Uribe modela su propio ethos, a través del cual traza escenografías 190 que legitiman los lugares desde los que habla y que modifican los roles en la interacción con el objeto de triunfar a los ojos de la audiencia. Para ello Uribe construye una imagen dual de sí mismo, de manera que, mientras en unos momentos se presenta solemnemente a través del lenguaje culto y profesional asociado a la figura del Presidente, aprovechando su status y autoridad como una forma de garantía personal, también crea un segundo ethos más cercano a la audiencia, explotando el dialecto, los refranes y el sociolecto popular para proyectar en torno a sí mismo, no solo la imagen de un hombre del pueblo, sino, más específicamente, el estereotipo del emprendedor rural antioqueño 191, el cual goza de una amplia aceptación en Colombia. Así pues, mientras en unos momentos la escenografía resultante es la de la alocución presidencial, en otros el debate se sitúa en el ámbito de lo popular, adquiriendo los rasgos de una discusión entre un propietario rural y su peón, en donde Uribe viene a ser el primero y Coronell, claro está, el segundo.
Ahora bien, ambas imágenes confluyen en un mismo ethos global del cual dan razón, precisamente, los sucesivos ataques Ad Hominem desplegados contra Coronell: a través de estos Uribe modela a ese otro que representa lo que él rechaza, esto es, la condición de todo aquel que cuestione al gobierno desde el ámbito de la sociedad civil y, en general, el pensamiento crítico. En otras palabras, los Ad Hominem de Uribe constituyen marcas del proceso por el cual este proyecta en Coronell aquel exterior constitutivo en razón del cual da cuerpo a su propio ethos autoritario.
- ¿ Pueden validarse o justificarse los Ad Hominem de Uribe contra Coronell?
Luego de este recorrido, cabe preguntarnos en qué medida estos argumentos Ad Hominem pueden considerarse válidos, justificables, pertinentes o legítimos, no solo en términos argumentativos, sino también desde un punto de vista ético y político.
Articulando perspectivas argumentativas y éticas, Gauthier( 1998) ha establecido tres
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La noción de escenografía da razón de aquella dimensión constructiva del discurso por la que este instaura su propio espacio de enunciación, asignando a su destinatario una identidad en la escena de habla. Dentro del marco general de la escena de enunciación, se diferencia de la escena englobante-o aquella que otorga al discurso su estatuto pragmático integrándolo en un tipo, siendo este publicitario, administrativo, etc.- y de la escena genérica-que es definida por los géneros del discurso, como el editorial, el sermón, etc.- porque esta no es impuesta por el tipo o el género del discurso, sino que es instituida por el discurso mismo: " La escenografía no es un marco, un decorado, como si el discurso sobreviniera en el interior de un espacio ya construido e independiente de él, sino lo que la enunciación instaura progresivamente como su propio dispositivo de habla "( Maingueneau, 2002:64).
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En Colombia, el estereotipo del emprendedor rural antioqueño o páisa está asociado no solamente al empleo de una determinada variedad dialectal-característica de las zonas altas de la provincia de Antioquia pero diseminada a lo largo de buena parte de la región andina y el occidente colombiano- y al continuo uso de refranes, sino también a un conjunto de valores y rasgos de carácter: el emprendedor páisa es un trabajador incansable, amante de la tradición, valiente y frentero, es decir, que discute en voz alta y sin miramientos. Dicho estereotipo puede rastrearse a lo largo de buena parte de la literatura, el cine e incluso la música colombiana. Este puede observarse, por ejemplo, a través de los personajes de la novela de Manuel Mejía Vallejo, La casa de las dos palmas( 1988).