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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 244
III.
Recordemos que el ataque ad hominem consiste en refutar un argumento atacando o refutando a la persona que lo defiende señalando una característica o creencia impopular de quien lo expresa. De forma general, este procedimiento es considerado como una falacia, es decir, elude presentar argumentos para rebatir una tesis y ataca a la persona que los profiere. Walton( 1987) en su artículo The ad Hominem argument as an informal fallacy, quien considera que no todos los ataques ad hominem deban ser considerados como falacias, distingue entre argumento ad hominem circunstancial, tu quoque y abusivo. El primero consiste en aducir que los argumentos del contendor son inconsistentes con sus circunstancias personales( convicciones, compromisos, acciones o prácticas personales). El tu quoque es caracterizado como una inconsistencia pragmática, un conflicto entre las afirmaciones y las acciones, es decir“ él / ella no practica lo que predica”. La tercera clase de argumento ataca los motivos personales del interlocutor, su carácter y personalidad.
Los discursos analizados se realizan en diferido a diferentes medios de comunicación y están caracterizados por ataques ad hominem, realizadas por parte del gobierno, al periodista Hollman Morris. El gobierno colombiano realiza su primer ataque el día de la retención del equipo periodístico, mediante un comunicado institucional que considera que la actuación realizada por el periodista Morris“ es contraria a la objetividad e imparcialidad que debe acompañar la labor periodística”( Espectador, 2009a). Este primer ataque ad hominem es circunstancial, puesto que su objetivo consiste en resaltar una inconsistencia entre las supuestas acciones de Morris, entrevistar a los secuestrados siguiendo un libreto, y los compromisos y circunstancias personales que presuponen su condición de periodista. El comunicado se funda sobre un estereotipo integrado a la doxa, y que puede ser denominado como el ethos del buen periodista, definida por la objetividad e imparcialidad 167. Sin duda, el ataque sería altamente devastador, si existe un consenso social sobre el ethos, ya que el trabajo de cualquier periodista reposa sobre la confiabilidad, consecuencia de la objetividad e imparcialidad, de sus apreciaciones.
Precisamente este estereotipo ético, a partir del cual se construyen los argumentos en contra del periodista, se observa con mayor claridad en el discurso del ministro de defensa Juan Manuel Santos que caracteriza las acciones de Hollman Morris como " siguiendo el juego a las FARC "( Espectador, 2009b). Este ataque podemos caracterizarlo como un argumento ad hominem abusivo, ya que su objetivo es atacar los motivos personales del periodista y asegurar que su labor periodística tiene un punto de vista parcializado. El discurso del ministro se encuentra atravesado por la pasión, en un primer momento de sorpresa, expresada explícitamente al inicio de la entrevista, como un importante factor emotivo. Además, la sorpresa se encuentra reforzada con adjetivos evaluativos como:“ muy, muy extraño” o“ insólito”, para evaluar las acciones del periodista. No obstante, esta primera emoción, y luego de la narración de los acontecimientos, se transforma en indignación.
El sentimiento de indignación, expresado por Juan Manuel Santos, es asumido por el propio periodista que realiza la entrevista, ya que Darío Arizmendi pregunta si ¿ Hollman Morris ya ha sido arrestado o“ simplemente se quedó en la selva con la guerrilla?”, o realiza la siguiente pregunta de forma retórica:“ No hay independencia, no hay distancia, no hay rigor de ninguna naturaleza. Es decir, Morris no fue en el helicóptero brasileño?” En donde el uso de
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Para Amossy( 2011) los estereotipos desempeñan un importante papel en la construcción del ethos por parte del enunciador. Entonces, la utilización de los estereotipos en el ataque ad hominem, cuyo objetivo es desacreditar el ethos del adversario, cumplen un papel fundamental.