Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 200 se ven amenazadas, violentadas y transformadas a la fuerza.
4. Síntoma
Ahora bien, analicemos la situación por la que pasa el sujeto que no se ajusta a los requerimientos del Ideal del Yo imperante: el sujeto que plantea la diferencia. Para él se pierde la referencia exterior que sustente las construcciones psíquicas internas, quedando una situación de marginación, en donde la salida difícilmente se hará de una manera sana, por lo que en muchos casos la melancolía empieza a caracterizar las situaciones de disconformidad de la diferencia. " El síntoma es ese“ lugar” máximo de tensión entre lo singular y lo social, del que sufre el sujeto y al que a veces da la impresión de que tuviera un apego masoquista, justamente porque disimula lo más singular; es lo“ radical de la singularidad”"( Sauret, 2005:203).
El principio del síntoma comienza allí, donde el lazo social no permite más la tramitación de lo que somos y el sujeto queda atrapado en el dolor, en el real visto como aquello que no se puede verbalizar. " Pensar el síntoma nos lleva a pensarnos una sociedad que insta al individualismo a la ruptura del lazo social, a la conformación de sociedades sintomáticas, el síntoma cambia, dimos el paso de la neurosis al goce total de las pasiones y cuando se rompe ya no hay un otro capaz de responder a nuestras necesidades y sostener el fantasma, el encuentro es con el real de cada cual en la particularidad ". Es desde ese desgarramiento interno desde donde se da el sufrimiento, desde la imposibilidad, no sólo de tramitar las pérdidas, que seguramente no son pocas, sino que se suma la imposibilidad de un encuentro en el colectivo como aquel garante de afirmaciones particulares, cerrando toda posibilidad de reivindicación de una identidad, un sentido de pertenencia, una memoria que recuerde lo que somos.
" Desde el punto de vista de nuestro análisis del Yo, es indudable que en el maníaco, el Yo y el ideal del Yo se hallan confundidos, de manera que el sujeto, dominado por un sentimiento de triunfo y de satisfacción, no perturbado por crítica alguna, se siente libre de toda inhibición y al abrigo de todo reproche o remordimiento. Menos evidente, pero también verosímil, es que la miseria del melancólico constituya la expresión de una oposición muy aguda entre ambas instancias del Yo, oposición en la que el ideal, sensible en exceso, manifiesta implacablemente su condena del Yo, con la manía del empequeñecimiento y de la autohumillación."( Freud, 1920 / 1922: 48)
Dos extremos de una sintomatología observable en los territorios focos de violencia política, donde los habitantes describen con asombro los cambios de lo que " antes " era una población tranquila y que ahora da un paso a los excesos desde la manía, en conductas que incrementaron de manera inesperada como la drogadicción, la ira, el alcoholismo, la violencia intrafamiliar, o el déficit de hiperactividad infantil. " Esta clínica explorada en los efectos del traumatismo y en formas de la psicosis, manifiesta con silencio, manifestaciones somáticas, holofrases, alteraciones del estado de conciencia, delirio, la inscripción en lo real de una vivencia no simbolizada, de la cual el sujeto ha sido excluido "( Roelens, 2004:177). En el caso contrario al estado de manía se encuentra la melancolía, descrita por Freud como una situación donde no hay elementos externos sobre quien proyectar la culpa, no hay un soporte o referencia colectiva, al no encontrar base en el tejido social la identificación no se produce más afuera, por lo que el sujeto se introyecta generando estados de depresión y desesperanza ante un futuro no tan claro. Siguiendo a Sauret " Finalmente, el neurótico, con su complejo de Edipo, su complejo de castración, su fantasma, su síntoma, parece haberle hecho el quite a los inconvenientes de la ciencia moderna para sacar pleno provecho de las ventajas que ésta le