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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 196
acercarse a una memoria negada históricamente, " la historia oficial " nos cuenta una historia, mientras que en cada una de las regiones se vive una constante lucha por reafirmar lo que son, y descifrar los significados de lo que han hecho con ellos, con todo y a pesar de sus contenidos más dolorosos;" una educación y un modus vivendi aceptados como comunes; en parte, de hábitos representacionales compartidos y, en parte, de una voluntad activa de agentes políticos, todo esto enhebrado progresivamente en el collar de abalorios de la interacción comunicativa, que desliza al centrípeto ser individual al cuerpo centrífugo y operativo del sujeto social "( Bettendorff, 2005:12).
La condición de permanente violencia contra los pueblos engendrada en Colombia reafirma una constante eliminación de la diferencia, no sólo en referencia a los atroces crímenes contra los cuerpos, sino a los macabros objetivos que traen consigo estos hechos, y que tienen que ver con la perpetuación del ejercicio del poder de la clase dominante y la administración de los recursos naturales de tal manera que se garantice la " prosperidad económica " de la misma clase. Se configura así, la negación simbólica de un otro, ignorando las posibilidades de autodeterminación e injerencia que tienen los sujetos sobre sus territorios.
2. El territorio
El territorio se constituye como el escenario en donde circulan las diversas representaciones que consolidan los procesos de memoria colectiva y potencian los procesos tanto sociales como subjetivos, siguiendo a Janine Puget " Se trata de la experiencia de estar con otro y tener un lugar en el conjunto, algo como ir estando-siendo con otro sin que haya una razón específica para estar o ser con ese otro. Es la experiencia mínima necesaria basada en la consciencia de otredad al ocupar un lugar que cobra sentido por efecto de la presencia-imposición, base de todo vínculo "( 2000:15).
Las crueles formas de violencia se traslapan a todo un conglomerado de acciones en el plano simbólico, que trastocan las formas de significación territorial, las formas de ser y estar en el mundo se transforman por un Otro, en el sentido Lacaniano( 1960), administrador de poder, que pareciera se otorga la potestad para hacerlo.
En el caso especifico del departamento del Magdalena, casi dos décadas atrás los grupos paramilitares comienzan a arrasar sanguinariamente con las organizaciones sociales en diferentes municipios; masacres, desapariciones, desplazamientos forzados, amenazas, vienen siendo el común denominador a lo largo del territorio, imprimiendo un ambiente de terror que se traduce en un cambio en las relaciones sociales y construcciones de sentido de sus habitantes.
" Hace varios años en la ciudad de Santa Marta, fue restringido el goce de la libertad de asociación, expresión y opinión, especialmente al interior de la única Universidad pública existente en el Departamento, por parte de la acción criminal de las AUC que se apoderaron y controlaron a sangre y fuego este territorio.
En la Universidad del Magdalena, se vivió durante los últimos 10 años un clima de persecución y terror determinado por la circulación de listas de estudiantes, docentes y trabajadores acusándoles de ser contrarios al desarrollo de la Universidad o señalándolos como afines a grupos subversivos, así como las amenazas, el asesinato y desaparición forzada de varios estudiantes, docentes y directivos, algunos de ellos con vinculación política de izquierda y / o caracterizados por sus posiciones y opiniones críticas "( Fundación Misión Aurora, 2010).
El objeto de tanto horror, amparado descaradamente desde la institución y a manos de jóvenes entregados al goce por el sufrimiento del otro, se ve hoy reflejado en los cambios de