Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 185
Así, se reproducen y estabilizan silencios, olvidos históricos y diferentes formas de negación( Cohen, 2005), desde las que se desconoce la realidad social que da soporte al conflicto armado y se le otorgan a este fenómeno denominaciones como‘ terrorismo’,‘ bandolerismo’,‘ delincuencia’,‘ criminalidad’ y‘ narcotráfico’. Estos atributivos, frecuentemente empleados, focalizan sobre las emociones de los potenciales interlocutores que, a través de distintas formas de violencia simbólica, son propuestas como los referentes para la comprensión y la evaluación de lo que se representa mediáticamente. De esta forma, se elaboran estrategias desde las cuales se elude la necesidad de reflexión pública sobre fenómenos como la desigualdad social, la falta de garantías a la oposición política, el terrorismo de Estado y la implementación de un modelo económico excluyente, orientado a la acumulación de la riqueza por parte de los agentes económicos dominantes.
Uno de los retos más fuertes para el logro de una paz estable y duradera consiste en lograr que los diferentes medios de comunicación se constituyan en referentes de encuentro más que en ejércitos al servicio de algunas de las partes contendientes. Esto implica romper con prácticas frecuentes como el hecho de que algunos periodistas se transporten en vehículos militares hacia los lugares que determinan los comandantes de brigada, para finalmente entrevistarse con testigos impuestos y conducidos a los batallones para brindar información a la prensa. Estas acciones, así como el ocultamiento deliberado de violaciones de los derechos humanos, han alimentado el conflicto y costado centenares de muertos. Muchos medios de comunicación han sido el parlante de la guerra y, asociado con su actividad mediática, han contribuido a que las sociedades construyan y estabilicen discursos que reproducen la negación del drama humanitario, a través de los cuales se les asigna a los paramilitares el nuevo apelativo de‘ BACRIM’ y se oculta la realidad de la persistente comisión de crímenes de Estado, ahora denominados por las instancias mediáticas como‘ falsos positivos’.
Conclusiones y elementos para indagar
El posicionamiento del capitalismo tardío como orden social, económico y político implicó en el ámbito personal fuertes procesos de individualización y en el orden social, la imposición de lo privado sobre lo colectivo que se evidencia en la transformación de la relación entre Estado, en tanto espacio colectivo y el mercado, en tanto espacio de lo privado, subordinando el primero al segundo. El fortalecimiento del sistema capitalista a partir del neoliberalismo que impulsa la mercantilización de la vida, agudizó la relación de subordinación del mundo social al económico, pasando éste último de medio a fin en sí mismo, y por lo tanto suprimiendo el campo de los derechos humanos al convertir en herramienta del mercado a la sociedad.
Si bien la construcción de Estados nacionales modernos consideró como fundamental la condena de toda violencia por fuera del monopolio del Estado, la modernización de los países ha permitido el camuflaje del autoritarismo en regímenes aparentemente democráticos, funcionales a los poderes hegemónicos.
El trabajo que en las primeras etapas del capitalismo se constituyó en el referente fundamental de identificación, al reconocer 0que el orden social estaba construido por la separación de los sujetos, entre poseedores de los medios de producción y poseedores de la fuerza de trabajo, ha sufrido modificaciones pues con la imposición del capital financiero sobre el capital trabajo, se resquebrajó la relación laboral a partir de la desregularización de ésta, fisurando la concepción del trabajo como referente identitario, lo que ha dado como respuesta nuevas formas asociativas basadas principalmente en otras dimensiones identitarias, ampliando así la gama de actores que entraron en la escena pública para disputar los lugares