Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 176
reflexión sobre lo indeterminado( Torres 2009, Zemelman 2010).
Los movimientos sociales han generado procesos de resistencia que transitan el mundo de las subjetividades para politizar los espacios privados, dotados de nuevas formas de acción, de campos de incidencia más allá de lo estatal, generando opinión pública, modificaciones en lo inmediato, en la cotidianidad, impulsados por demandas específicas, algunas veces de problemas de larga duración, otras veces de asuntos sujetos a la contingencia. Así, han contribuido a la construcción de visiones de mundo colectivas que responden de modo contestatario a los excesos de regulación que sustentan los autoritarismos tanto estatales como sociales, estableciendo diferentes lazos de solidaridad y de participación política más allá de los medios institucionalizados.
Un giro global hacia la memoria
La memoria, concebida como campo de acción, ocupada precisamente del mundo de los sentidos, y como sustento tanto de los imaginarios como de las representaciones sociales, ha pasado a ocupar un lugar central en las agendas públicas de diversos países, pues a través de ella se disputan no sólo los sentidos del pasado, sino que se legitiman presentes y se construyen posibilidades de futuro.
Las dos Guerras Mundiales implicaron la reflexión sobre el papel de la memoria y del patrimonio. La necesidad del recuerdo y del olvido se puso de relieve como parte del proceso de reconstrucción no sólo nacional, sino continental. Museos, monumentos y demás objetos conmemorativos fueron motivo de discusión frente a víctimas y victimarios, que se debatían entre el olvido y el recuerdo como fórmula para corregir y evitar los horrores ocurridos durante la guerra.
Paul Ricoeur( 2003), recoge en su obra La memoria, la historia y el olvido( 2003), las reflexiones propias de las postguerras, poniendo en cuestión la necesidad del recuerdo y del olvido. Este autor, plantea que no es necesario el olvido que niega, sino el olvido reflexivo que reconoce el suceso, lo elabora y lo supera, logrando así que éste no se convierta en recuerdo persistente, es decir, en un pasado presente que degenera en trauma, un pasado que dice él se convierte en huella, en cicatriz.
Ricoeur analiza el fenómeno de la memoria desde dos perspectivas; por un lado, considera la condición biológica en la cual los procesos neurológicos permiten la capacidad de recordar y olvidar, ubicando situaciones particulares en la memoria, en diferentes niveles-memoria reciente y memoria antigua-. Analiza, además, las condiciones patológicas del olvido profundo como la amnesia, y las condiciones patológicas del recuerdo como el recuerdo persistente, ambas síntomas del trauma o del recuerdo no elaborado. Por otro lado, Ricoeur analiza el recuerdo y el olvido desde la dimensión filosófica, apoyado en la fenomenología de Husserl y el psicoanálisis. El filósofo propone dos preguntas ¿ quién recuerda? y ¿ qué se recuerda? planteando la necesidad de hacer del recuerdo un ejercicio reflexivo, que nos permita dar respuesta a estos dos interrogantes.
Sobre estas dos perspectivas, el autor analiza la memoria individual y la memoria colectiva, poniendo en claro que tanto a nivel individual como a nivel colectivo, es necesaria la reflexión del recuerdo de hechos no gratos o dolorosos, de manera que estos puedan ser elaborados y superados, evitando el trauma individual y colectivo que decae en la persistencia del hecho que precisamente se quiere negar; de lo que se trata es del reconocimiento del suceso y su reflexión, para su no repetición.