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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 168
87 % tanto de niños como de niñas asisten a la escuela primaria, la mayoría del 13 % de niños y niñas que no asisten a la escuela son desplazados por el conflicto armado.
Según CODHES( 2006), de los más de tres millones de personas desplazadas por el conflicto en Colombia, más de la mitad se encuentran en edad escolar. Especialmente en las áreas rurales, muchas de las escuelas se ven involucradas directamente en el conflicto. La Comisión Colombiana de Juristas( 2004:68) afirma que entre 1996 y 2003, 71 escuelas sufrieron ataques por parte de la guerrilla, paramilitares y agentes estatales, en las áreas rurales, el Ejército y la Policía a menudo instalan sus campamentos cerca de las escuelas, en una clara violación al Derecho Internacional Humanitario. De modo parecido, las escuelas a menudo son usadas por los diferentes grupos armados como lugar para pernoctar y como lugar para sostener reuniones ideológicas.
Los estudiantes han sido reclutados forzadamente tanto por grupos paramilitares como por la guerrilla. Human RightsWatch( 2003) estima que hay más de 11.000 niños soldados en Colombia.
El Ejército colombiano también ha usado las escuelas como lugares potenciales para reclutar soldados como informantes. En Arauca, el Ejército colombiano desarrolla una campaña llamada“ Soldado por un día”. Dicha campaña incluye visitas de niñas y niños a los batallones del Ejército, durante las cuales las niñas y los niños conocen los helicópteros, montan en carros blindados y se visten y maquillan de camuflados( CCJ, 2004:64).
Durante el gobierno de Uribe impulsó una campaña para que los mismos estudiantes se convirtieran en informantes del ejercito por lo cual les entregaba un salario mensual, esto motivo más violencia al interior de las I. E. y persecución contra algunos docentes que cuestionaban el régimen, pues con los incentivos que establecía la contratación los informante debían entregar resultados, entonces muchas veces realizaban montajes para obtener beneficios( similar a los falsos positivos).
En algunas áreas de Colombia, los y las docentes son presionados por las organizaciones paramilitares locales sobre el contenido de sus clases( Cameron, 2001). Séptimo, los sucesos mencionados anteriormente tienen un grave efecto psicológico tanto en los y las estudiantes como en los y las docentes. La CCJ( 2004) estima que desde 1991, más de mil profesores y profesoras han abandonado su profesión permanentemente por miedo a la violencia.
Un caso ilustrativo de un asesinato por parte de los paramilitares fue documentado en un libro patrocinado por UNICEF( Cameron, 2001) donde un niño, testigo de los hechos, relata:
“ Varios hombres enmascarados entraron al aula y le dispararon, justo en mitad de la clase. No le dieron ninguna oportunidad de decir nada. Uno de los hombres enmascarados levantó del suelo el cuerpo sin vida de nuestro profesory dijo:“ Este hombre tuvo que morir porque les estaba enseñando ideas malas. Podemos matarles a ustedes también, así que no cojan ideas malas si quieren permanecer con vida”.
Antioquia representa el número mayor de asesinatos, con 247 asesinatos contra docentes( 31 % del total) entre 1991 y 2007. Después siguen cuatro departamentos con un significante número de víctimas por asesinato: Córdoba( 6 %), Arauca( 4 %), Norte de Santander( 4 %), Valle( 4 %) y Nariño( 4 %).
En los últimos años Córdoba ha tenido un claro ascenso en el número de asesinatos en el periodo 1997-2002( de 13 a 23 asesinatos).
En los últimos dos años( 2011-2012), la violencia contra los docentes también proviene de los grupos organizados para el expendio de narcotráfico que han encontrado en colegios y universidades un espacio para su negocio. También en muchos sectores los