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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 122
Según Samir Amin( Amin, 2000:3) el imperialismo de EEUU, tiene tres notas distintivas: es una forma de imperialismo no territorial, basado en la regla básica de que un orden liberal internacional abierto beneficiará, por lo general, a los capitales asentados en Estados Unidos. En segundo lugar, para que esta hegemonía funcione de manera estable tendría que, en todo caso, asegurar beneficios significativos para otros Estados capitalistas. Pero, en tercer lugar, no se evidencia en lo más mínimo que las instituciones que Estados Unidos construye, y las políticas que lleva a cabo, sean neutrales con respecto a los intereses de los capitales asentados en su territorio y los asentados en otros.
El imperialismo actual de los Estados Unidos es una realidad compleja y contradictoria. Su esencia es un orden económico global administrado por un sistema de múltiples Estados locales. Y no es necesario hacer análisis profundos para percibir que esto ha sido fuente de graves inestabilidades y peligros para el dominio del capital global. En el imperialismo clásico, era razonable y clara necesidad del hegemon norteamericano para utilizar su poderío militar. Pero poco ha cambiado en estos tiempos, como Atilio Borón( Borón, 2004:10) lo explica – aunque la discusión sobre la caída de su hegemonía en el sistema internacional ocupa hoy el interés de la mayoría de los autores de relaciones internacionales-, hoy,( en la hora de ahora) la hegemonía y la dominación están claramente en manos de Estados Unidos. Es un actor irreemplazable y centro indiscutido del sistema imperialista mundial: sólo él dispone de más de 700 misiones, enclaves y bases militares en unos 120 países constituyen la reserva final del sistema. Si las demás opciones fracasan, la fuerza aparecerá en todo su esplendor. Y sólo EEUU puede desplegar sus tropas y su arsenal de guerra para mantener el orden a escala planetaria. Es, como dijera Samuel Huntington( Huntington, 1998:232),“ el sheriff solitario”. Y no hay otro.
Es necesario entender que actualmente el mundo es militarmente unipolar. La estrategia hegemonista de los Estados Unidos se sitúa en ese nuevo cuadro del imperialismo; su objetivo es simplemente establecer el control militar sobre todo el planeta. La política sistemática en la historia de Norteamérica es mantener el control militar y mediante este impone políticas que le sean serviles a sus intereses en el ámbito de la seguridad, en el ámbito energético, particularmente petrolífero, y en el ámbito de los recursos naturales.
1.2. Las relaciones entre los Estados Unidos y Colombia en los últimos 20 años: una sinopsis
La alineación política y militar con Washington, no ha sido deliberada, ni coyuntural, ha sido parte del proyecto de Estados Unidos para extender la doctrina Monroe( 1823), bajo el lema " América para los americanos " que evoca en sí misma el " Destino Manifiesto ", esto es, la idea de que Estados Unidos ha recibido de Dios la misión de ampliar y llevar esta doctrina al resto del mundo 94.
Así, en la historia de Colombia siempre existió un fuerte relacionamiento con EEUU, por lo que el alineamiento estratégico de las administraciones Bush y Uribe no fue coyuntural obedeció a marcadas condiciones históricas de alineamiento político para establecer el Plan Colombia, y su lucha contra el narcotráfico.
El Plan Colombia, significó para el Gobierno de los últimos diez años, un proceso de legitimación de su gobierno: cuando Andrés Pastrana terminó su gobierno, las Fuerzas
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La idea del“ destino manifiesto” postula que a EE. UU le fue asignado un destino predeterminado por Dios para ser una gran nación líder basada en el progreso, libertades individuales y derechos universales: un hecho inevitable( destino) y obvio( manifiesto). Al respecto puede consultarse Parraguez K.( 2012).