Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 115
regulada, y el desarrollo. Por un lado los proyectos migratorios, los intereses y decisiones que dentro de estos procesos deberían ser parte de la libertad y autonomía de los migrantes, pasan a ser limitados y controlados por los gobiernos e instituciones que promueven estos modelos y que se enfocan en concebir al migrante exclusivamente como mano de obra. Es una mirada deshumanizante alejada de la concepción de los sujetos migrantes en un sentido integral, cosificadora de los sujetos, pensados como una mercancía intercambiable, exportable, que se oferta, y es funcional a las economías de los países donde se insertan por un ciclo determinado, abaratando los costos por la mano de obra, y recurriendo al asistencialismo para atender el desempleo y la precariedad en la cobertura de cuestiones básicas de supervivencia en los países de origen.
Este modelo se presenta bajo un discurso que supuestamente prioriza al migrante, siendo contradictorio con las condiciones en las que se desenvuelve el mismo modelo, frente a las que los migrantes no poseen ninguna injerencia o posibilidad de negociación respecto a las condiciones y dinámicas en las cuales se desarrollan sus proyectos migratorios. 92
Prevalece allí una mirada economicista, que invisibiliza problemáticas estructurales arraigadas en los países de origen y en el mismo funcionamiento del sistema capitalista, y que intervienen fuertemente en la decisión de migrar, que a su vez son naturalizadas y no son atendidas de manera prioritaria por los Estados y sus organismos que intervienen en la configuración de las políticas, delegando en los migrantes la responsabilidad de promover condiciones que desde el ámbito estatal no han sido garantizadas, donde el migrante se encuentra a disposición del Estado y no a la inversa.
Conclusiones
Pretendemos acá presentar algunas reflexiones finales con relación a lo expuesto, con relación a los sujetos migrantes, y en general a la caracterización de los procesos migratorios, se revela la centralidad que adquieren los aspectos económicos en la relación entre el Estado y los colombianos en el exterior, haciendo énfasis en el volumen y canalización de las remesas, así como de todo lo que es considerado“ recurso” o“ aporte” que derive de dichos procesos. Así, la vinculación se configura con un notorio carácter mercantil. En este sentido, construye al sujeto migrante como agente de desarrollo, primando la perspectiva del capital humano, en la forma en que los entes gubernamentales piensan al migrante.
En el esquema mercantil presente en la relación Estado- colombianos en el exterior, se plantea la migración como fuente de capitalización, como generadora de recursos que deben ser“ productivos”. Es la oportunidad de inversión de los colombianos y del mismo Estado que asume estos recursos como propios para fomentar un modelo de desarrollo fundado en la estrategia neoliberal. Así el Estado asume un rol de intermediario entre diversos actores, oferentes y consumidores, en los diferentes ámbitos que se plantean de atención a los colombianos, desarrollando iniciativas basadas en oferta de servicios y su consumo, y obviando la garantía en el acceso a la titularidad de los derechos.
como una alternativa que permite proveer beneficios tripartitos inmediatos. 3) La migración circular y otras formas de migración temporal son consideradas por los Policy-makers, como formas más sugestivas para la opinión pública, dados el incremento de la migración en los países del tercer mundo. y 4) Muchos Policy – makers creen tener el saber-hacer técnico que les permite discernir entre los posibles migrantes que pueden ser elegidos como migrantes de trabajo.
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Por ejemplo su tiempo de estadía, o movilidad en el lugar de destino, inserción en otros ámbitos, y cuestiones propias de otras dimensiones del migrante más allá de su condición de trabajador, generan una movilidad limitada, condicionada al retorno y ordenada en función de las fluctuaciones del mercado.