Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 95
los hidrocarburos, ya que cada vez son más los territorios incorporados a economías de enclave, donde los espacios de vida de cientos de comunidades, están siendo comprimidos o transformados por cuenta de la nueva lógica internacional. Y es que por su dinámica propia, las empresas transnacionales se amplían económicamente, lo que finalmente se traduce también en su expansión geográfica, un hecho que generalmente implica una sobre posición con los territorios de los actores locales.
Transnacionalización de la economía en escenarios de disputa
Colombia, catalogada como un“ país en conflicto”, pareciera un escenario poco propicio para la inyección de capital extranjero, más sin embargo, nunca antes se había evidenciado un número de transnacionales tan alto, rastreando y extrayendo bienes naturales del subsuelo de esta nación. Aunque hay quienes argumentan que la política de“ Seguridad Democrática”, desarrollada en la administración Uribe a partir del 2002, despejó el camino para la inversión en las zonas rurales y en los rincones más apartados del país. Es una posibilidad que riñe dramáticamente con las percepciones de las organizaciones sociales y los sectores académicos críticos en Colombia, al no percibir dicha inversión como necesaria para el país y controvertir álgidamente al régimen político impuesto.
Aunque desde la oficialidad se pregona que las empresas extranjeras son víctimas del conflicto y más concretamente, de los grupos subversivos, no queda claro desde esta versión, cómo es su interacción con grupos paramilitares y las fuerzas armadas de Estado, dando la impresión de que hay una enorme brecha de relacionamiento entre estos últimos grupos y el sector privado transnacional. Entonces, ¿ cómo es la movilidad del gran capital en un medio que pareciera tan hostil a la inversión, con diversos actores en franca confrontación?, ¿ qué tan ajena es la dinámica de las empresas transnacionales con la violencia sistemática que padece una parte importante de la población?
Acotando un poco la discusión, resulta fundamental sintetizar el movimiento de fuerzas políticas y económicas que se desenvuelven en Colombia, con el ánimo de romper con la idea de que el conflicto es una simple disputa entre la Guerrilla y el Estado colombiano( en el que eventualmente se inmiscuyen las“ mafias del narcotráfico”). Bajo la óptica dominante, en la que se anclan los medios masivos de comunicación y la“ opinión pública”, el resto de actores, incluyendo los agentes privados, se encuentran en una aparente posición neutral y vulnerable. Sólo en términos del“ conflicto”, se omiten ciertos detalles de la confrontación, donde en lugar de mitificar, legitimar o pasar inadvertido el papel de la fuerza pública y los grupos paramilitares, debe comprenderse que estas fuerzas han estado jugando un papel clave para la imposición de un proyecto económico y político, en el que responden por medio de las armas, a las inclinaciones y aspiraciones de sectores de derecha y ultraderecha en el país.
Concretizando la cuestión y mirando más allá de su relacionamiento con el narcotráfico, después de la segunda mitad del siglo XX, los grupos paramilitares han sido históricamente el brazo armado de sectores terratenientes del país, como pieza clave de la concentración de la propiedad rural y el despojo masivo de tierras. Igualmente, han sido activos en la estrategia contrainsurgente, amplificándose su acción antisubversiva durante la década de los 80 y los 90. De la misma forma, los paramilitares son elementos protagónicos de la lucha antipopular que se mantiene desde la oficialidad contra las organizaciones y la resistencia social, que desde finales de los años 70 hasta hoy, vino a reforzar y a encubrir el papel jugado por la fuerza pública. Se convirtieron entonces, en contradictores por excelencia de la oposición política en Colombia, implementando el terrorismo de Estado hacia la organización social.